Una serie de atentados provocó al menos cinco muertos y una
decena de heridos en distintas zonas de Iraq, donde a la ya habitual
violencia se sumaron protestas populares en algunas regiones,
reporta Prensa Latina.
El jefe del distrito de Al-Saadiya, Ahmad al-Zardoushi, informó
que un civil y sus tres hijos menores perdieron la vida este jueves
en un ataque armado en Al-Mahata, en la provincia noreste de Diyala,
aparentemente por móviles políticos.
Según Al-Zardoushi, milicianos de Al-Qaeda abatieron al hombre y
sus vástagos porque éste pretendía postularse para gobernador en esa
región, pero omitió detalles sobre la filiación política de la
víctima.
Un subcomandante del centro de coordinación conjunta de Baaquba,
la capital de Diyala, murió y un civil fue herido hoy en dos
explosiones separadas en el centro de esa ciudad contra un vehículo
militar y una fábrica de hielo, respectivamente.
Fuentes de seguridad reportaron también que el teniente Hussein
Mohammad Saleh, funcionario del departamento de asuntos de
nacionalidad, pereció por la detonación de una bomba en Talafar, al
oeste de Mosul, la cabecera de la demarcación norteña de Nínive.
Asimismo, se informó que dos agentes del orden y un civil
resultaron heridos por la deflagración de otro artefacto al paso de
una patrulla de la policía por la zona de Al-Houriya, en el noroeste
de Bagdad, donde se registraron daños a vehículos e inmuebles
aledaños.
Otros dos iraquíes sufrieron lesiones como consecuencia del
estallido de una carga explosiva en el vecindario de Rustamiya, en
el sureste de la capital.
El Comando de Operaciones de Bagdad reportó, por otro lado, el
hallazgo del cadáver de un hombre de 25 años estrangulado en la
región de Al-Shaab, en el norte capitalino, sin ofrecer más
detalles.
Entretanto, las fuerzas de seguridad redoblaron este jueves las
medidas de vigilancia en la ciudad kurda de Arbil como medida de
precaución ante lo que describieron como alta tensión en la región .
Miles de manifestantes tomaron hace una semana las calles de
Sulaimaniya para protestar contra las condidiones socioeconómicas y
exigir al gobierno del Kurdistán iraquí mejoras en los servicios,
combate a la corrupción y elevación del nivel de vida.
Las marchas comenzaron con reivindicaciones pacíficas pero
terminaron con violentos incidentes en los que los inconformes
incendiaron edificios y vehículos del gobierno regional, así como la
residencia de algunos funcionarios.