... Pero solo hay en el mundo de hoy una forma superior de ser
revolucionario: ser comunista, porque el comunista encarna la idea
de la independencia, la idea de la libertad y la idea de la
verdadera justicia e igualdad entre los hombres. Encarna algo más,
la idea del internacionalismo, es decir, la hermandad, la
solidaridad y la cooperación entre todos los hombres y pueblos del
mundo. Y cuando se unen las ideas de la independencia, la libertad,
la igualdad, la justicia y la fraternidad entre los hombres y los
pueblos, estas ideas son invencibles.
El Partido existe solo por el pueblo y para el pueblo. Los
métodos burocráticos y el espíritu pequeñoburgués son ajenos por
completo a sus principios. Entre los cuadros, los militantes y el
pueblo deben existir los lazos más estrechos e indisolubles, basados
fundamentalmente en el ejemplo y la confianza de que el
revolucionario vive y muere por su pueblo.
El autoritarismo, la demagogia, la autosuficiencia, la vanidad,
la irresponsabilidad son inconcebibles en un comunista. El espíritu
fraternal y humano debe ser una de sus características
fundamentales. Y, por encima de todo, la conciencia
internacionalista, que no excluye el más profundo patriotismo, pero
sabe tener presente que por encima del individuo está la patria, y
por encima de la patria está la humanidad.