Estados Unidos ordenó este lunes a familiares y a personal
prescindible abandonar Libia, donde se registran enfrentamientos de
opositores con fuerzas de seguridad y partidarios del gobierno.
El Departamento de Estado llamó a los familiares de empleados y
personal no esencial de la embajada que abandonen Libia, indicó la
secretaría de Estado en una alerta de viajes, la cual alertó que era
posible que hubiera más manifestaciones, violencia y saqueos en los
próximos días, reporta Prensa Latina.
La cartera diplomática en Washington autorizó el domingo la
salida voluntaria de la nación norafricana de los familiares del
personal de la Embajada, pero hoy intensificó la alerta.
Los ciudadanos estadounidenses deben ser extremadamente cautos y
evitar transitar cerca de las zonas en la que puedan surgir
protestas como edificios oficiales, plazas públicas y si comienzan
las manifestaciones deben abandonar inmediatamente el lugar, precisó
una nota diplomática.
Por otra parte, las protestas impulsaron este lunes un alza de
los precios petroleros, que alcanzaron el nivel récord de 105,54
dólares por barril en el caso del tipo Brent, del mar del Norte, el
máximo de los últimos dos años y medio, una de las primeras
consecuencias del agravamiento de la crisis en la región.
El alza es atribuida por expertos del mercado fundamentalmente a
la tensa situación en Libia, con centenares de muertos en los
enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad del
gobierno de Muammar Al-Khaddafi.
Libia, miembro de la Organización de Países Exportadores de
Petróleo (OPEP) produce diariamente unos 1,6 millones de barriles de
crudo, principalmente destinados a la exportación.
La represión de la policía y miembros del Ejército a las
manifestaciones en reclamo de la renuncia del líder libio, elevaron
la cifra de víctimas en varias regiones de esta nación norafricana,
incluida Trípoli, donde escaló la violencia.
El clima de beligerancia se recrudeció luego que Saif al-Islam
Al-Khaddafi, hijo del gobernante, amenazó en una comparecencia
televisiva que se desataría una guerra civil, con un saldo de
muertes muy elevado, incluso superior a los conflictos de Iraq y
Afganistán.
Saif reconoció unas 100 muertes y las atribuyó a "matones,
presos, narcotraficantes, extranjeros e islamistas" supuestamente
interesados en destruir al país y dañar su economía, lo que movilizó
a cientos de personas hacia una céntrica plaza capitalina en defensa
del Gobierno.