— Las manifestaciones
populares prosiguieron hoy en países árabes de Medio Oriente y el
norte de África caracterizadas en la inmensa mayoría por
enfrentamientos violentos que causaron cientos de víctimas,
incluidos más de 50 muertos en Libia.
En ese país, el hijo del líder Muammar Al-Khaddafi dijo que eran
exagerados los datos de fuentes foráneas que refieren más de 230
muertos en el oriente de la nación norafricana. Expresó, además, que
su padre se encuentra en la ciudad de Trípoli apoyado por el
Ejército y conduciendo la que definió como "una batalla contra
aquellos que buscan destruir Libia". Dijo, además, que estos
intentos de derrocar al gobierno desatarían una guerra civil y "una
espiral de violencia peor que en Iraq".
Seif Al-Islam, considerado posible sucesor del líder libio, acusó
de las revueltas callejeras a "agentes extranjeros, traficantes de
droga y radicales islamistas", y afirmó que "egipcios y tunecinos
tienen armas y están aquí, propiciando en gran parte lo que está
ocurriendo".
Mientras, en Yemen miles de personas, incluidos estudiantes,
profesores y parlamentarios, se unieron hoy en una protesta cerca de
la Universidad de Sanaa para exigir la renuncia del presidente, Ali
Abdulah Saleh, pese a ser rodeados por policías y simpatizantes del
gobierno.
Los 11 días consecutivos de reivindicaciones, provocaron choques
con leales al jefe de Estado en la capital, Sanaa, así como en Adén,
Taiz y otras ciudades con saldo no oficial de más de 25 muertos y
200 heridos.
Fuentes médicas indicaron que la pasada madrugada murió un
manifestante antigubernamental y otros cinco resultaron heridos por
disparos de la policía en Adén (sur), mientras el domingo se
registró otra víctima fatal en un incidente similar en aquella
localidad.
También desarrollaron marchas en Jordania y Marruecos en demanda
de reformas democráticas, cambios de Gobiernos y mejores condiciones
de vida.
El clima de tensión prevalece en Bahrain con protestas en el
centro de la capital, Manama, en medio de un proceso de diálogo sin
violencia después de que el Ejército y la policía abandonaron la
plaza de La Perla, reocupada por opositores chiitas tras días de
fuerte represión.