Incluso cuando las condiciones materiales y tecnológicas no son
las más propicias, sobre todo en los municipios, el componente
profesional y humano sigue siendo un seguro resorte para impulsar la
producción de fitofármacos en los laboratorios con que cuenta esta
provincia.
Según explica Gladys Fonseca Valido, especialista de producción
en el departamento provincial de Farmacia, a pesar de las
limitaciones con que transcurre ese proceso, Las Tunas ha venido
cumpliendo planes que tienden a crecer ligeramente año tras año,
aunque no en correspondencia con la demanda que gira en torno a ese
tipo de fármacos.
Aun así, muchas personas hallan solución frente a distintas
dolencias y afecciones, mediante el acceso a jarabes anticatarrales
elaborados con eucalipto, orégano o naranja; lociones pediculicidas,
productos antimicóticos, antiespasmódicos y antisépticos, e incluso
sedantes como los que se obtienen sobre la base del tilo y la
pasiflora.
Especialistas en esa actividad muestran preocupación frente a la
inestabilidad que por etapas ha presentado la entrega de plantas
medicinales por parte de las fincas destinadas para tal propósito en
el Ministerio de la Agricultura.
La elaboración de fitofármacos, sin embargo, no se sustenta solo
en apreciables volúmenes de plantas cuyo principio activo resulta
vital en el proceso. Además intervienen azúcar, alcohol y algunas
sustancias químicas y preservos que, si bien en menor grado, inciden
también en el producto final y en la necesaria certificación de
calidad, de acuerdo con el control correspondiente.