El movimiento de resistencia Hizbulah (Partido de Dios) advirtió
a Israel que pagará un alto precio, si osa invadir nuevamente al
Líbano, en momentos de tensión por amenazas del ministro sionista de
Defensa, Ehud Barak, reporta Prensa Latina.
Al hablar en el día de los mártires de la agrupación chiita, su
secretario general, jeque Sayyed Hassan Nasrallah, aseguró que los
combatientes de Hizbulah están listos para tomar la región
estratégica de Galilea, en el norte de Israel, tan pronto estalle
otra guerra.
Nasrallah recordó el revés sufrido por el Ejército israelí cuando
invadió el territorio libanés en el verano de 2006, y tuvo que
replegarse a causa de la resistencia de las milicias de Hizbulah,
que le propinaron 163 muertos, en su inmensa mayoría militares.
La agresión sionista provocó en apenas 34 días más de mil 200
muertos en el lado libanés, básicamente civiles que habitaban los
suburbios del sur de Beirut bajo control del Partido de Dios y
severamente destruídos en esa beligerancia.
En su discurso de hoy, Nasrallah respondió a las amenazas
vertidas por el titular de Defensa de Tel Aviv, quien durante un
recorrido por la frontera común afirmó ayer que las tropas israelíes
no excluían entrar una vez más al sur del Líbano y declarar la
guerra a Hizbulah.
La victoria de la coalición 8 de Marzo, que encabeza Hizbulah, en
las consultas parlamentarias para designar al nuevo primer ministro
libanés generó preocupación en Israel y en potencias occidentales,
alentando una retórica de confrontación y críticas al grupo chiita.
A criterio de Nasrallah, Israel nunca ha tenido una evaluación
creíble y realista del poderío de Hizbulah, lo que explica el
fracaso de sus políticas hacia el movimiento de resistencia, de ahí
que urgió a los sionistas a aprender de los errores pasados.
Demandó, además, que Tel Aviv pare la imaginación imposible de
derrotar a Hizbulah, y en otro momento de su alocución saludó el 11
de febrero como un día histórico en que se celebra dijo- la caída de
los mayores aliados de Israel.
En ese sentido, se refirió a la derrota del Shah de Persia
Mohamed Reza Pahlavi, en 1979, tras el triunfo de la revolución
islámica de Irán, y la renuncia del presidente egipcio, Hosni
Mubarak, el pasado viernes, forzado por 18 días de multitudinarias
protestas populares.
Valoró la caída de Mubarak como una gran pérdida para Estados
Unidos e Israel porque el ex mandatario ayudó a Tel Aviv durante
años a apretar el puño contra los palestinos.