Todavía
emocionado con la noticia de que fue merecedor del Premio Nacional
de Historia 2010, encontramos a Pedro Pablo Rodríguez López en una
oficina del Centro de Estudios Martianos, en esta capital. Allí,
rodeados de textos martianos, transcurrió nuestra conversación,
transparente y pausada, solo aplazada por las interrupciones de sus
compañeros que acudían, una y otra vez, a felicitarlo.
El doctor en Ciencias Históricas es un hombre sencillo y
entusiasta que ha dedicado la mayor parte de su vida a estudiar la
obra martiana, a la vez que ha desarrollado una labor incansable
como investigador, periodista, ensayista y académico de mérito de la
Academia de Ciencias de Cuba. Actualmente dirige la encomiástica y
silenciosa labor del proyecto investigativo y editorial de la
Edición Crítica de las Obras Completas de José Martí.
Ha publicado numerosos artículos, ensayos y libros, entre los que
se destacan: Antología del pensamiento revolucionario Cubano
(1970), La primera invasión (1987), De las dos Américas
(2002, Premio de la crítica en 2003) y El periodismo como misión
(compilación de estudios acerca del periodismo de José Martí, 2003).
Obtener el más alto reconocimiento por su labor tiene para él un
significado especial, pues lo considera como un premio de los
colegas de profesión, y también de los más de 5 000 miembros de la
Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNHIC). "De personas que
como yo, dedican parte de su tiempo y de sus esfuerzos a investigar
temas históricos", nos comenta.
—¿De dónde nace su vocación por la Historia?
—De mi madre (María Teresa), que fue maestra, y de mi padre
(Ricardo) que fue periodista. Ellos conversaban de temas históricos
y en la casa se respiraba un alto sentido patriótico, lo que motivó
que sus héroes también fueran los míos.
—¿A qué debe su formación como investigador?
—A los historiadores cubanos que he leído desde el siglo XVIII,
también a muchos del presente, y a la mayoría de los profesores de
la Universidad de La Habana, en especial a Hortensia Pichardo, quien
me enseñó a estudiar y trabajar con documentos; pero puedo asegurar
que cada una de las personas con las cuales he trabajado, ha
contribuido de manera especial en mi formación.
A su memoria llega el recuerdo de algunos amigos que a lo largo
de estos años siempre tuvieron confianza en él como el doctor
Armando Hart, Roberto Fernández Retamar y el siempre recordado
Cintio Vitier. Igualmente Ramón de Armas, con quien comenzó a
estudiar en profundidad a Martí.
¿Por qué su pasión por la vida y la obra de José Martí?, le
pregunto. Entonces, con palabras tan pausadas como su andar, Pedro
Pablo comenta que, como todo cubano, desde niño Martí fue para él un
símbolo, un paradigma ético y moral, sentimientos que se fueron
acrecentando cuando, desde muy joven, empezó a organizar un curso
sobre el pensamiento revolucionario cubano. Ya en 1970, salió
publicado en la revista Pensamiento Crítico su primer trabajo:
José Martí, liberación nacional.
"Desde entonces quedé atrapado por Martí, no solo por los
mecanismos literarios que el Maestro logra apresar, sino también por
la profunda riqueza y actualidad de su pensamiento".
—¿Cómo valora el estado actual de las investigaciones históricas
en nuestro país?
—Creo que la investigación histórica pasa por un buen momento,
por los resultados en cuanto a su variedad temática. Ha sido una de
las disciplinas sociales mejor y más trabajadas. Hay actualmente
muchos historiadores escribiendo, lo que hace que la investigación
histórica no se quede en el campo teórico, sino que sea accesible a
un lector promedio.
—¿Considera usted que el periodo revolucionario demanda una
aproximación mayor de la historiografía cubana?
—Sí. Ese es un déficit que tenemos. No solo nos corresponde
investigarla, sino incorporarla a los programas de estudios. Hoy es
más necesario que nunca que las nuevas generaciones conozcan de
nuestro proceso revolucionario, cómo se formó, se organizó, sus
principales líderes¼ y todavía hay muchas
cosas que están por escribir. Aunque en esta línea hay algunos
jóvenes investigando, no es suficiente.
En la extensa lista de premios y reconocimientos a este destacado
—y muy querido— investigador cubano, sobresalen: la Distinción por
la Cultura Nacional; la Medalla Alejo Carpentier; la Orden Carlos J.
Finlay; el Premio Félix Varela; el Premio Nacional de Ciencias
Sociales y Humanísticas, así como las distinciones La utilidad de la
virtud y Pensar es servir.
Es Pedro Pablo un profesional incansable, en quien se conjugan
maravillosamente el escritor de gabinete y el investigador de campo,
para conducirlo a trazar estrategias académicas en las cuales
siempre se involucra a partir del conocimiento y el corazón.
‘"Juntémonos Patria a caminar’, dijo Martí, y justamente es eso
lo que he intentado hacer toda mi vida: caminar con la Patria,
espero haberlo logrado."