Ella, a las 30 semanas de embarazo, contrajo el cólera, que le
provocó una deshidratación ligera, atajada a tiempo por los médicos
cubanos en el centro de tratamiento de la letal epidemia, instalado
en una pequeña institución de la Santé (Ministerio de Salud Pública
y Población de Haití), en el poblado cabecera de la comuna. Se
tomaron todas las precauciones del caso.
Junto a la gestante dieron también el alta a Val Obu, de 72 años,
y a Parent Eloi, de 45, ambos con similar cuadro clínico.
Era viernes, día de la bulliciosa y concurrida marché
(mercado informal) de Cerca Carvajal, una comuna rural de muy
difícil acceso y ubicada a 25 kilómetros al noroeste de Hinche, la
capital del departamento haitiano Centro.
Para llegar hasta allí es necesario superar los bordes de un
deforestado valle, a través de un terraplén de piedras calizas, y
ocho escuálidos riachuelos (en época de lluvias son más), empleados
por los lugareños para calmar su sed y la de sus mulos. En esas
turbias aguas están presentes el vibrión colérico y otros peligrosos
males de transmisión hídrica.
Llamada "la enfermedad de la pobreza" porque es causada
precisamente por la falta de agua potable, el cólera encontró en
este punto perdido de la geografía haitiana condiciones propicias
para su propagación.
Allí es insoportable la falta del vital líquido. Este drama es
mayor si se tiene en cuenta que en Cerca Carvajal, de unos 40 000
habitantes, la miseria es apabullante, no existen perspectivas de
desarrollo que posibiliten una vida decorosa; en tanto muchos niños
y adultos sufren enfermedades infectocontagiosas como la malaria,
tuberculosis, diarreas, dengue y enfermedades gastrointestinales.
Allí no hay electricidad, solo algunos paneles solares y pequeñas
plantas eléctricas, mientras las familias tienen como único
combustible doméstico la leña y el carbón. La mayoría de las
humildes casas son de barro, adobe y una frágil madera; en su
interior, niñitos de apenas cinco años llorando, con sus barriguitas
infladas llenas de parásitos.
La arteria principal de la comuna es una polvorienta guardarraya
rematada en su entrada por un parque, una iglesia y la mencionada
marché. La ignorancia y el analfabetismo campean por aquellos
contornos.
Miladys Robinson, de Villa Clara y al frente de los médicos
cubanos allí, expresa a Granma que la miseria en Cerca
Carvajal es tan dura como la que vio en Gambia, África, donde
cumplió similar misión del 2003 al 2005.
Con pesar, relata que no pudieron salvarle la vida a un anciano
que llegó a sus manos muy deshidratado, sin conocimiento, padeciendo
además una anemia severa. "Estaba muy delgado, luchamos por él
durante cuatro horas, pero falleció", señala.
"Diciembre fue el mes más duro, en el que teníamos diariamente
que atender un promedio de 13 pacientes. Ya en los primeros días de
febrero logramos bajar esa cifra a solo dos o tres contagiados",
afirma Miladys, quien explica que las medidas preventivo-educativas
aplicadas dieron resultados.
Destaca que la labor del grupo de pesquisa activa ya es habitual
en parajes tan distantes como Colome, Penkua, Maringue, Laboicate y
Mendoz.
Añade que la Brigada atiende otras dolencias de la población,
dedicación que le ha granjeado el respeto, cariño y admiración de
los lugareños.
El haitiano John Peter Sufran expresó, al referirse a los médicos
cubanos: "Ellos han realizado un magnífico trabajo y son gente
buena". Incluso expresó el deseo de visitar Cuba algún día.
El padre Allynste Fontaine, al frente de la Parroquia Santa
Familia de Cerca Carvajal, manifiesta que en sus sermones pide a su
feligresía seguir las recomendaciones médicas de los brigadistas
cubanos, y agrega: "Dios, estoy seguro, agradece tanta dedicación de
un trabajo que es día a día, sin descanso. Yo los felicito y los
bendigo", recalca el joven sacerdote católico.