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La camaronicultura en Cuba
Camarón que se duerme el desorden se lo lleva
Yudy Castro
Morales
Si se hubiesen cumplido los pronósticos que durante décadas
acompañaron el desarrollo de la camaronicultura en Cuba, esa esfera
sería una fuente considerable de ingresos en divisas.
Mientras
más biomasa se obtiene en cada cosecha, mayores ingresos reciben los
camaronicultores.
Pero los vaticinios hechos a partir de una deficiente
planificación, del sobredimensionamiento de las potencialidades y
los análisis triunfalistas que desinformaron a la Dirección del
país, no podían dar buenos dividendos. Hoy, los resultados obtenidos
no han sido coherentes con el volumen de recursos destinados a esa
actividad.
Una estela de violaciones tecnológicas, indisciplinas, robo e
inercia administrativa, unida a la fluctuación en la entrega de
insumos y el deterioro en la infraestructura de las instalaciones,
ha impedido que el cultivo artificial del crustáceo logre
consolidarse y retribuya con amplio margen todo cuanto el Estado ha
invertido en él.
Solo en el 2010, periodo en que por fortuna cerró con utilidades,
de aproximadamente 11,2 millones de CUC aportados, 6,4 se emplearon
en pienso de camarón, sin contar los egresos en el resto de las
materias primas, importadas casi en su totalidad.
Calisur
disminuyó notablemente el volumen de pienso consumido por tonelada
de camarón cosechada, nos cuenta Carlos Rodríguez mientras riega el
alimento en uno de los estanques.
Aunque el turismo tiene cubierta su demanda y las exportaciones
constituyen el 80 % de la producción, las capturas experimentan una
preocupante tendencia decreciente, agudizada por la desidia que hace
diana, tanto en camaronicultores como en directivos.
CUENTAS PENDIENTES
Al valorar el desempeño de esa rama, Armando Posada, director del
Grupo Empresarial para el Desarrollo del Camarón (GEDECAM), propone
un examen dividido en varias etapas. De 1980 a 1992 las cosechas
ascendieron debido al incremento paulatino de las hectá-reas
disponibles, y la estabilidad de algunos indicadores de eficiencia
como la supervivencia en el ciclo de engorde y el peso promedio del
crustáceo.
Calisur
cuenta con una industria propia para el procesamiento del camarón.
Sin embargo, el trabajo con una especie de bajo potencial de
crecimiento, las constantes transgresiones en el manejo del cultivo
y la compleja situación financiera, condujeron durante la década de
los 90 a una caída de los resultados, volviendo totalmente
ineficiente este renglón exportable.
Con el objetivo de rescatar la producción y aumentar los
rendimientos se introduce en el 2003 la especie Litopenaeus
vannamei, genéticamente superior a la precedente. Además, se
acometió un proceso de reinversión tecnológica que incluyó la
remodelación de los laboratorios y centros de desove, la reposición
de maquinarias de procesamiento industrial, así como el
mantenimiento de la infraestructura de las cinco camaroneras,
ubicadas en Sancti Spíritus, Camagüey, Las Tunas, Holguín y Granma.
Así llega la camaronicultura a un récord productivo de 4 323
toneladas en el 2006. Parecía entonces que con esa cifra, muy
superior a las obtenidas hasta el momento, el cultivo del camarón
comenzaba a enrumbarse. Sin embargo, de esa fecha a la actualidad
han decrecido nuevamente las cosechas, quedando siempre por debajo
de los planes previstos, al punto de alcanzar en el 2010 apenas 3
100 toneladas.
¿Dónde encontrar las causas de los incumplimientos? ¿Qué le ha
faltado y le continúa faltando a la camaronicultura?
Organización y, en consecuencia, disciplina, asegura Mario Sariol,
director desde hace seis años de Calisur, camaronera situada en la
provincia de Granma, la cual ha cosechado en ese tiempo niveles
similares a los que obtuvo en los cuatro quinquenios precedentes.
En
el 2003 se acometió un proceso de reinversión tecnológica que
incluyó la remodelación de los laboratorios.
También la insuficiente previsión de los directivos, las
violaciones en el manejo de los alimentos, el robo (presente en
todas las entidades) y el descontrol han conllevado al descalabro.
Tal es el caso de Cultizaza, empresa espirituana que posee hoy los
índices productivos más bajos. Allí, como en otras instalaciones,
comenta Posada, se ha renovado la dirección, pero el balance
desfavorable persiste.
Tampoco podría desconocerse la incidencia negativa de la
coyuntura económica, pues la imposibilidad de contar con algunos
recursos en el momento oportuno, la carencia de materias primas en
los centros de desove, los cuales deben garantizar la semilla (poslarva)
a las camaroneras y el estado constructivo de los canales y
estanques, constituyen factores objetivos que limitan el incremento
de los rendimientos.
No obstante, el factor humano marca la diferencia porque según
Armando Posada, donde cuentan con un personal técnico capacitado, un
director exigente y un colectivo estimulado, consiguen buenos
indicadores.
MULTIPLICAR LAS BUENAS
EXPERIENCIAS
Estrechar cada vez más el vínculo entre los rendimientos de los
estanques y los ingresos de los camaronicultores, quienes deben
velar por el uso eficiente de los insumos y combatir la ilegalidad,
destaca entre las medidas que le permiten a la empresa Calisur
mostrar los mejores resultados a nivel nacional.
Dos hombres se encargan de limpiar las exclusas y marcos, regar
el pienso y revisar los comederos de tres estanques. "Mientras más
biomasa se obtiene en cada cosecha más dinero recibe el obrero",
señala Mario Sariol, persuadido de que esa estrategia mitiga el
robo, pues el trabajador cobra por lo que produce.
Otra experiencia a generalizar es la labor directa en el campo de
los especialistas que ajustan el alimento diario, quienes mantienen
un intercambio constante con los técnicos y los camaronicultores. De
ese modo Calisur disminuyó notablemente el volumen de pienso
consumido por tonelada de camarón cosechada, ostentando el mejor
indicador histórico de GEDECAM.
Dicha racionalidad gana mayor importancia si se tienen en cuenta
las tendencias actuales, donde el precio del pienso ha crecido de
541 dólares la tonelada a 790, mientras el de la tonelada de camarón
ha caído de 4 512 dólares a 4 010. Esa es la esencia de por qué es
imprescindible elevar la eficiencia en el cultivo del camarón en
Cuba.
Además, Sariol subraya la efectividad del examen de crecimiento
del animal que realizan semanalmente. "Ante cualquier negligencia se
procede a un análisis administrativo: sancionamos al camaronicultor,
le suspendemos la estimulación, lo cambiamos de puesto, nada queda
impune.
Solo la imposibilidad de hacerle frente a los depredadores
naturales (corúas, gallinetas, patos...) preocupa a los directivos
de esta camaronera, la cual representa aproximadamente el 50% de la
producción de GEDECAM.
BUSCAR LA MOTIVACIÓN
Pese a las limitaciones financieras y el deterioro de la
infraestructura, existen otros factores que dejan su huella, quizás
irreversible. Así considera Redney Jiménez, especialista de GEDECAM,
quien, después de asesorar a la dirección de la camaronera Cultisur,
en Camagüey, reconoce que les falta creatividad para buscar
variantes, no existe la suficiente estimulación, y se nota el
cansancio en una tarea que precisa del esfuerzo de todos los días.
Miguel Antonio Manso, director de la UEB de producción en la
entidad, atribuye el declive experimentado (de 1 081 toneladas en el
2008 a 603 en el 2010) al azote de eventos climatológicos, el
deterioro de los canales, el déficit y la baja calidad de la semilla
y las constantes violaciones tecnológicas. Admite que la escasez de
recursos abrió grietas en la exigencia y el delito alcanzó índices
muy elevados, incluso fue necesario depurar una granja completa.
Pero también les ha faltado coordinación a la hora de enfrentar
algunas dificultades. Si no, cómo explicar la incapacidad de las
autoridades de los territorios donde están enclavadas las empresas
para aunar esfuerzos de conjunto con GEDECAM, en pos de resolver,
por ejemplo, la escasa profundidad de los estanques.
Algunos camaronicultores coinciden en lo acertado que sería
introducir, al menos de forma experimental, otro modelo de gestión
económica y en función de los resultados, evaluar su generalización.
Podrían valorarse el arrendamiento de los estanques y la formación
de cooperativas, con una estructura en la cual los insumos se
adquieran mediante el pago por parte de los obreros. De esta manera,
los rendimientos serían directamente proporcionales a los ingresos
del trabajador y la eficiencia estimulada.
CON LUZ LARGA
Ajustadas a las condiciones actuales, las proyecciones de GEDECAM
(2010-2015) solo pretenden estabilizar los resultados, sobre la base
de una explotación eficiente de las 2 298 hectáreas disponibles en
el país.
Figuran entre las perspectivas continuar perfeccionando el
programa de bioseguridad con el fin de evitar enfermedades y
terminar el centro de genética; ojalá esta última forme parte de las
acciones a corto plazo, pues la carencia hoy de esa instalación
limita el mejoramiento de la especie y su continuidad.
La explotación al máximo de las capacidades en los centros de de-sove
para luego incursionar en la exportación de poslarvas es otra de las
líneas a seguir.
Y en el camino hacia la eficiencia deben priorizar medidas que
contrarresten las importaciones destinadas a esta actividad. Contar
con una planta de pienso se vuelve una urgencia.
Pero si algo apremia en el sector es el fortalecimiento de la
gestión de los cuadros con el objetivo de garantizar una acertada
planificación, único requisito para que el proceso inversionista en
la camaronicultura, y en cualquier otra esfera productiva, sea
eficiente y se corresponda con los recursos invertidos. |