La reacción no podría ser diferente. Cuando las noticias sobre
precios elevados se combinan con el momento actual de la economía
mundial, con los niveles de desempleo en los países desarrollados;
con las reacciones populares en el Medio Oriente; con la elevación
del precio del petróleo, y con la sombra, siempre siniestra, de la
especulación financiera en torno a los commodities (productos
básicos) agrícolas, esto se convierte en un tema de Estado, y de
preocupación para los gobiernos y la población.
En
Cuba se observa una determinación de producir más, con mayor
diversificación, en más municipios y en menor tiempo.
Se nota, en los círculos internacionales, el miedo a la carencia
de alimentos, que ha demostrado ser causante de serios problemas
políticos y que ha forzado a muchos gobiernos a adoptar medidas
desesperadas para lograr el control de la situación: restricciones a
exportaciones de parte de los que tienen alimentos, imposición de
subsidios a la producción, distribución de comida y semillas, entre
otras.
Lo que no se dice es que ninguna medida adoptada abruptamente en
tiempos de crisis agudas, solucionará el problema del hambre en el
mundo. El problema del hambre no se soluciona con medidas paliativas
ni provisionales; se soluciona con acciones que posibiliten a los
mismos países protegerse de los efectos de la globalización, a largo
plazo. El mundo necesita, urgentemente, de una seguridad alimentaria
sustentable: el acceso universal a los alimentos que cada uno
necesita para tener una vida saludable, ¡siempre!
¿Cómo alcanzar la seguridad alimentaria sustentable? En un mundo
donde se dificultan la producción de alimentos y el acceso a ellos,
donde convergen los cambios en las condiciones climáticas, los
desastres naturales, la negligencia en la producción y el
agravamiento de la ya enorme brecha existente entre ricos y pobres,
esto es cada vez más difícil.
Se dice, quizás inocentemente, que no es tan difícil resolver
problemas inmediatos de disponibilidad de alimentos si se tiene
dinero para importarlos. Sin embargo, hay espacio para la pregunta:
¿a qué costo para el desarrollo de un país? En una economía
planificada, las crisis en un sector específico provocan cambios
repentinos de planes, que necesariamente perjudican otros sectores
de igual importancia: salud, educación, transporte, para citar
algunos, en este caso.
La seguridad alimentaria sustentable se logra con la
independencia en la producción de alimentos. Esto solo se puede
alcanzar priorizando el sector a través de inversiones en todos los
eslabones de la cadena agroalimentaria: (insumos, producción,
transformación, distribución, consumo) y sobre todo, priorizando la
investigación y la generación de tecnologías. Lo mismo se aplica a
otros sectores de la economía, como la industria, los servicios, la
informática y la biotecnología, expuestos a una modernización
acelerada en el entorno global. Sin embargo, muchos parecen ignorar
que producir comida es una ciencia, y de las más importantes y
dinámicas.
Los hombres del campo han realizado investigaciones desde que la
primera semilla fue sembrada. durante siglos, han seleccionado las
mejores especies, las variedades y razas productivas y más
apreciadas.
Las ciencias agropecuarias han complementado la sabiduría popular
y han generado tecnologías que hasta ahora posibilitan extraer cada
vez más comida de la tierra. La existencia de casi 1 000 millones de
hambrientos en el mundo no se debe a la falta de comida, sino a la
mala distribución de los alimentos en la población mundial. La misma
Revolución Verde de los años setenta, criticada por nosotros por su
dependencia de insumos químicos, mostró que con la ciencia se puede
alimentar al mundo y contradecir la teoría Malthusiana de que la
producción de alimentos crecería a ritmo aritmético, mientras el
incremento de la población lo haría a tasas geométricas.
Nuevas amenazas a la producción de alimentos, como el
irreversible cambio climático, y la aparición de nuevas enfermedades
animales y vegetales, agregan factores al desafío de equilibrar la
producción y el incremento de la población mundial, que alcanzará
más de 9 000 millones de personas en el año 2050. Esto, sin
mencionar la aparente incapacidad de los países pobres de solucionar
el problema con sus propios recursos.
Insisto en que para los que quieren alcanzar la seguridad
alimentaria sustentable hay una salida: promover la investigación
para garantizar la producción de alimentos de calidad a corto,
mediano y largo plazos; así como mejorar técnicas de cultivo
adaptadas a las nuevas condiciones climáticas y edáficas (relativo a
las plantas y suelos) e introducir nuevas especies con la ayuda de
tecnologías innovadoras y modernas, sin descuidar las prácticas
tradicionales desarrolladas por los productores.
No es un tema nuevo para Cuba, país que entendió, desde los
comienzos de la Revolución, que el camino a la independencia
dependía de la educación a todos los niveles, y de que este tendría
que ser "un país de hombres de ciencia". Enfatizo el verbo "tener",
porque hay conciencia de que la independencia depende de la
inversión de los escasos recursos disponibles, en temas
estratégicos, como Ciencia y Tecnología.
Los resultados son evidentes en la generación de tecnologías y
productos para la salud y la biotecnología, en el desarrollo de la
agricultura orgánica, de la agricultura urbana y suburbana, la
creación de sucedáneos a la importación de insumos básicos, o el
mejoramiento genético animal, entre muchos otros.
Los efectos nefastos del Periodo Especial aún no han sido
eliminados, pero se observa una determinación de producir más, con
mayor diversificación, en más municipios y en menor tiempo. Los 31
lineamientos directamente vinculados a la política agroindustrial, y
otros relacionados con el sector alimentario en las demás políticas
priorizadas en el Proyecto de Lineamientos de la Política Económica
y Social del Partido y la Revolución, son ejemplo de la prioridad
concedida a la seguridad alimentaria.
No hay duda de que el enorme parque científico agropecuario
creado en Cuba, compuesto por sus 40 o más centros de investigación
y por las universidades nacionales, es la clave para alcanzar la
seguridad alimentaria sustentable. ¡Urge modernizarlo!
El Lineamiento número 207, para la rama de la Industria
Electrónica y de las Infocomunicaciones, propone realizar
inversiones "que permitan mantener lo logrado y su desarrollo, según
las posibilidades económicas del país". Estoy seguro de que esto es
también verdadero para el sector de Ciencia y Técnicas agrícolas,
pecuarias, forestales y pesqueras.
*Representante de la FAO en Cuba.