Pequeña pantalla

Inconsecuencia

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

Entre los creativos y sensibles mensajes promocionales, que no son pocos, transmitidos en los últimos tiempos por la TV Cubana clasifica ese que apunta hacia la necesaria e imprescindible inclusión social de las personas con limitaciones o pérdidas de la audición.

Sobre un fondo blanco aparecen sucesivamente sujetos —hombres y mujeres representativos del espectro étnico de la población insular— que simbolizan la amplia gama de posibilidades de realización social e individual de los sordomudos e hipoacúsicos, todo ello estructurado en un lenguaje sencillo, comprensible, de fácil comunicación.

Hace pocos días, paradójicamente, después de ver otra vez ese mensaje, la otra cara de la moneda asomó en el programa humorístico El cabaret d’ nfrente.

Para dar un par de simpáticos latigazos a las desavenencias que se originan entre quienes solicitan viajar de "botella" en las carreteras y los choferes que de manera poco solidaria los ignoran, un par de cómicos escenificó una estampa burlesca que se justificaba por sí misma.

Sin embargo, en una mezcla de falta de imaginación y de sensibilidad, la contrapartida del cómico-gago era un cómico-sordomudo. No era el clásico chiste del fañoso, al parecer entronizado entre las peores tradiciones del choteo cubano. Era una situación grotesca gratuita.

Pienso que los realizadores del mensaje promocional inicialmente citado pudieran replantear la frase que la singular Aurora Basnuevo ha puesto en boga en otro mensaje de fuerte y útil presencia: ¿Y dónde quedamos nosotros?

 

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