Entre los creativos y sensibles mensajes promocionales, que no
son pocos, transmitidos en los últimos tiempos por la TV Cubana
clasifica ese que apunta hacia la necesaria e imprescindible
inclusión social de las personas con limitaciones o pérdidas de la
audición.
Sobre un fondo blanco aparecen sucesivamente sujetos —hombres y
mujeres representativos del espectro étnico de la población insular—
que simbolizan la amplia gama de posibilidades de realización social
e individual de los sordomudos e hipoacúsicos, todo ello
estructurado en un lenguaje sencillo, comprensible, de fácil
comunicación.
Hace pocos días, paradójicamente, después de ver otra vez ese
mensaje, la otra cara de la moneda asomó en el programa humorístico
El cabaret d’ nfrente.
Para dar un par de simpáticos latigazos a las desavenencias que
se originan entre quienes solicitan viajar de "botella" en las
carreteras y los choferes que de manera poco solidaria los ignoran,
un par de cómicos escenificó una estampa burlesca que se justificaba
por sí misma.
Sin embargo, en una mezcla de falta de imaginación y de
sensibilidad, la contrapartida del cómico-gago era un
cómico-sordomudo. No era el clásico chiste del fañoso, al parecer
entronizado entre las peores tradiciones del choteo cubano. Era una
situación grotesca gratuita.
Pienso que los realizadores del mensaje promocional inicialmente
citado pudieran replantear la frase que la singular Aurora Basnuevo
ha puesto en boga en otro mensaje de fuerte y útil presencia: ¿Y
dónde quedamos nosotros?