Utilizada como base pirata en su época y situada en el fondo del
golfo de Gonave, está compuesta sobre todo de roca caliza (de ahí su
primer nombre de Guanabo, que en lengua aborigen significa isla de
piedra) sobre un área total de 743 kilómetros cuadrados, en los
cuales mal vive la mayoría de sus 100 000 habitantes.
Deforestada, con sus playas vírgenes de arenas blancas
contaminadas en alto grado por desechos sólidos traídos por la marea
alta desde la costa haitiana, la isla es, sobre todo, estéril y
montañosa, donde casi no llueve y la falta de agua es un martirio
sempiterno.
Oprime el alma ver en sus infortunados poblados niños descalzos,
sin escuelas y llenos de parásitos, desvalidos ancianos solitarios,
adultos desempleados, trabajando como bestias de cargas en las
marché (mercados informales)... Es, a no dudarlo, una precaria
existencia "sin el mañana".
En medio de tanto pesimismo llena de optimismo conocer cómo
piensa Jean Mary Narcisso, un haitiano graduado de la primera
promoción de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) de La
Habana y nacido en esta afligida isla, que dice no abandonará nunca.
"Aquí yo me muero", afirma, y "que sí se puede" hacer algo por su
tierra.
Tras egresar de la ELAM el 20 de agosto del 2005, regresó "porque
yo me gradué con el objetivo de sanar las dolencias de mi pueblo
natal", me dice Narcisso, quien ayudado por sus hermanos logró
construir una casa-consultorio, donde ofrece gratuitamente consultas
médicas (atiende un promedio de 100 pacientes en agotadoras jornadas
diarias) en la urbe cabecera de La Gonave, Anse á Galets, parecida a
uno de esos pueblitos fantasmales, polvorientos, sin calles ni luz
eléctrica, descritos en la novelística de Gabriel García Márquez.
La atención médica es sumamente insuficiente en ese aguijoneado
pedazo de Haití, como en todo el país, y en Anse á Galets para
calmar tanto sufrimiento solo cuentan con siete médicos, incluido él
y su compatriota Lager Wadner, de la segunda promoción de la ELAM,
"el resto son de organizaciones religiosas y no gubernamentales".
Unido sentimentalmente con Elierci Ramírez Beltrán, una ingeniera
civil del barrio de Sevilla, en Santiago de Cuba, unión de la que
nació en la Ciudad Heroína la hermosa Elsy, de seis añitos, Narcisso
tiene ahora un caro sueño: que en Anse á Galets se construya un
hospital de referencia comunitaria como los que el Proyecto
Cuba-Venezuela levanta en las zonas más excluidas de la Patria de
Toussaint-Louverture para darle un poco de sosiego y tranquilidad al
inquebrantable ánimo de los haitianos.
Por lo pronto, y ante los estragos del cólera en La Gonave, la
dirección de la Brigada Médica cubana decidió abrir un centro de
tratamiento de la terrible enfermedad en el poblado de pescadores de
La Source, atendido por 15 cooperantes cubanos, entre galenos,
enfermeros y otro personal, que día a día lucha contra ese mal y
otros padecimientos no menos inquietantes como la malaria, la fiebre
tifoidea o las infecciones de la piel.
Los ojos de este joven médico, de 37 años, se encienden cuando se
refiere a Fidel.
"Le agradezco mucho a nuestro Comandante en Jefe, porque si no
hubiera sido por él yo no habría llegado a ser médico. Pido salud
para él por haberme dado la oportunidad de ayudar a mi pueblo en lo
que más lo necesita".