La anciana es quien acude por lo general a la casa donde reside
el hermano. Durante una de las visitas más recientes, acompañada de
nuestro equipo, ella llevó el hilo de una conversación fluida, fruto
de una memoria que ni el implacable Cronos ha podido erosionar.
"Nacimos cerca de Mir, en un barrio llamado Ciego la Rioja el
1ro. de enero de 1911, ¡mire si habrá llovido y ocurrido cosas desde
entonces!", dijo seguida de una risa sincera.
"Ni ahora me rindo cuando hay problemas —añadió—. Yo creo que
tiene que ver con la vida tan dura que tuvimos cuando éramos
muchachos. No fuimos a la escuela porque no había, pero aproveché
las pocas clases que mi papá pudo pagar a maestros ambulantes.
"Hoy, después de levantarme me fui al patio y acomodé unos
cangres de yuca, para protegerlos, porque si no sembramos, no hay
comida. También me gusta criar mis gallinitas... Bueno ahora tengo
unos pollitos... "
¿No la ayudan los nietos? ¿Cuántos tiene?
"El trabajo me hace bien y nunca le tuve miedo. Me ayudó a salir
adelante cuando quedé viuda en el primer matrimonio. Luego fue igual
al casarme otra vez.
Los nietos son muchos... , vamos a tener que coger una libreta y
hacer una lista de nombres para no olvidarlos, comentó mientras
miraba a su hija Ermidia Rodríguez, con quien vive.
"Mamá, usted tiene razón —contestó amablemente Ermidia— así por
arriba la cuenta me da 41. Si incluimos los bisnietos y tataranietos
la lista es muy larga".
¿Y los descendientes de Marcelino?
Debido a dificultades auditivas, él no contestó. Además, su
interés estaba puesto en la cámara fotográfica, otra razón más para
que su hija Ermelina afirmara que siempre se preocupó por lucir
físicamente bien.
"Papá tiene 4 hijos, 13 nietos, 22 bisnietos y 13 tataranietos",
aclaró ella después de precisar que antes de Marcelino sentarse a la
mesa para almorzar, cosa que hacía al producirse la visita de
Marina, exigió ropa limpia y ser afeitado.
¿Cómo asimilan ustedes esas exigencias?
"Con amor, nada más que con eso. Por estos viejitos hay que hacer
de todo, como lo hicieron con nosotros. ¿Qué tipo de hijos seríamos
si no los tratamos así?"
"¡Nos cuidan demasiado! —arremetió Marina—, no me dejan cocinar,
pero no pueden evitar que mantenga limpio el patio. Si mi hermano
hiciera un poco más de ejercicios, estuviera mejor."
Una vez de regreso a la casa de Marina, ella se comportó
retadora. "Periodistas, les dije que yo enhebro una aguja sin
necesidad de usar espejuelos ¡De aquí no se van hasta que lo vean!"
Finalmente lo logró. Entusiasta y encantadora, día a día junto a
su familia, ella demuestra que el optimismo es el mejor recurso del
ser humano para enhebrar la vida.