Aún no habían llegado los refuerzos de los batallones de milicias
procedentes de Santa Clara y Cienfuegos, los cuales se movilizaban
urgentemente hacia esta zona por donde entrarían a la ciénaga para
combatir contra el enemigo invasor, que hasta ese instante estaba
siendo contenido heroicamente por fuerzas del batallón cienfueguero
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Las fuerzas que, cumpliendo órdenes del Comandante en Jefe,
debían impedir a toda costa el avance de los mercenarios hacia el
Central, combatían contra las primeras avanzadas enemigas, eran
heterogéneas y obedecían a diferentes mandos, aunque todas
patrióticas, valientes y decididas a rechazar, a cualquier precio,
el intento enemigo de ocupar nuestro territorio.
Para que se tenga una idea: un sector de la línea de defensa
establecida lo ocupaban obreros milicianos del INRA, junto a
trabajadores del Central Covadonga. Allí estaban funcionarios y
trabajadores de la oficina de la Zona de Desarrollo Agrario que,
bajo las órdenes del Delegado de la Zona, combatían al enemigo que
avanzaba hacia el Central. Entre otros, ocupaban trincheras, el
director económico de la Delegación del INRA, Luis Borrego; el
contador principal, Luis Marrero ("Marré"); el agrimensor Duquesne
(El Chino); el ayudante del Delegado, soldado Ramón Alonso, y otros
trabajadores de la Zona de Desarrollo.
En medio del combate se me acerca mi ayudante y me comunica que
me dirigiera urgentemente hacia el lugar que ocupaba el Jefe de la
guarnición del Ejército Rebelde del Central Covadonga, que se
encontraba al frente de sus hombres cubriendo un sector de fuego
próximo al nuestro, pues había anunciado que tenía un serio problema
y que tendría que retirar a sus hombres de la línea.
Me desplacé rápidamente hacia la posición que ocupaba este
oficial e indagué cuál era el problema.
Me comunicó, algo alterado, que si no sacábamos de la línea al
compañero Marrero se vería obligado a retirar sus hombres para
impedir que fueran alcanzados por los disparos que a derecha e
izquierda producía este inexperto combatiente.
Pedí al oficial que se mantuviera en su puesto, ya que
inmediatamente resolvería la situación planteada. Me trasladé hacia
la trinchera ocupada por "Marré" y que compartía con el agrimensor
Duquesne y traté de convencerlo de que debía abandonar esa posición,
pues debido a su fuerte miopía no podía precisar al enemigo y sus
erráticos disparos estaban poniendo en peligro a nuestros
combatientes.
"Marré" argumentó en contra de mi orden: "Yo veo algo, pero
además Duquesne está conmigo, y como él solo alcanzó un revólver, me
ayuda dirigiendo el cañón de mi fusil hacia los mercenarios y,
entonces, yo disparo. Creo que ya hemos hecho blanco en algunos".
Le expliqué que así no se podía combatir y que estimaba que él
podía ser más útil en la retaguardia, custodiando nuestra oficina en
Aguada de Pasajeros, pues los aviones enemigos sobrevolaban el
poblado y pudiera presentarse algún otro desembarco o situación que
requiriera la protección de ese importante dispositivo
administrativo.
En medio del intenso combate que estaba teniendo lugar, y en el
que ya habíamos tenido nuestra primera baja mortal, el cabo del
Ejército Rebelde Nicanor Egoscue, carpintero de nuestra oficina, "Marré"
argumentaba apasionadamente la necesidad de permanecer combatiendo
en su trinchera y se oponía fuertemente a mi decisión de trasladarlo
a la retaguardia.
Ante esta situación y el requerimiento del Jefe del Puesto del
Ejército Rebelde de Covadonga, no me quedó otra opción que ordenarle
a "Marré", a pesar del disgusto que sabía que esto le ocasionaría,
que cumpliera mi orden sin más dilación y se retirara de la línea de
defensa.
Años después de aquel combate, estando yo todavía al frente de
las obras de la Ciénaga, llegó a mis manos un ejemplar de la revista
Unión donde el compañero Luis Marrero, "Marré", hoy Premio Nacional
de Literatura y destacado miembro de la UNEAC, firmaba una
interesante crónica de los combates de Girón, y tras relatar
simpáticas anécdotas de los milicianos trabajadores del INRA que,
junto a él combatieron al enemigo, me dedicaba unas agrias líneas, a
las que en verdad me había hecho acreedor, en las que expresaba: "¼
ese Vila de mierda que me impidió combatir a los mercenarios
desembarcados por Girón".
Expresaba así, el poeta, entonces combatiente por el amor a su
Patria y por sus convicciones revolucionarias, el dolor que aún
sentía por no haber podido permanecer peleando frente al enemigo
hasta su total aniquilamiento durante aquella heroica gesta.
Aquel sentimiento de "Marré" es la poesía patriótica que se anida
en el pecho de todos los revolucionarios, la que no tiene en cuenta
limitaciones, y la que los transforma en heroicos combatientes en
defensa de una causa justa como la Revolución, el Socialismo y la
vida del pueblo, como ocurrió hace 50 años.