"No somos los primeros en hacer esto —explica Eduardo Domínguez
Nápoles, asesor docente de la dirección metodológica en la
Universidad. Desde el curso anterior, en otros centros del país se
abrieron aulas similares con jóvenes que optarían por especialidades
como Física, química y Matemática pura. Sobre esa base, se nos dio
la posibilidad de determinar en qué carreras sería más conveniente
aplicar esa alternativa y nos inclinamos por Agronomía, aquí, y
Físico-Matemática en la Universidad de Ciencias Pedagógicas."
Para despegar bien se realizó un proceso previo de contacto,
intercambio y captación de estudiantes en los preuniversitarios,
examen de conocimientos, caracterización psicopedagógica y consulta
del expediente escolar, cuyo resultado final aglutinó a una
treintena de muchachos en el caso de Agronomía.
A ellos —añade Eduardo— se les imparte el mismo programa del
preuniversitario, pero se agregan elementos que fortalezcan la
formación vocacional, el interés y las motivaciones, de acuerdo con
el perfil de la carrera.
En la práctica eso significa no solo la atención directa e
indirecta por parte de un experimentado claustro de profesores, sino
también una interacción concreta con laboratorios, textos, áreas y,
sobre todo, con estudiantes de Agronomía, con quienes comparten
espacio en la residencia estudiantil.
A cinco meses de su inserción en el ambiente universitario, ya
"el aula de grado 12" (como se le conoce) sedimenta sus primeros
resultados y ensancha expectativas entre alumnos, familiares,
profesores y directivos.
En opinión de quienes organizan y conducen esa experiencia, hay
"una evolución real, profunda y muy favorable en el grueso de los
estudiantes". Lo evidencia el modo en que han progresado sus hábitos
de estudio, reconocidos hasta por la propia familia, que desempeña
un papel cada vez más activo en ese proceso.
"Llegué con un poco de miedo —expresa Dianelys Bauzá Hernández,
alumna procedente de Puerto Padre. Recuerdo que el primer día casi
regreso para mi casa, pero poco a poco me fui adaptando, haciendo
amistad con los demás y motivándome. He tenido mucho apoyo de mi
familia y ahora estoy muy contenta, decidida a poner todo mi
esfuerzo personal para estudiar y graduarme como agrónoma."
Para Héctor Silva García, de Majibacoa, esta ha sido "una opción
muy buena, en particular para estudiantes como yo. Mi padre tiene un
pedacito de tierra y lo trabaja. Yo le ayudaba desde niño, me gusta
la agricultura y no le tengo miedo. Todo lo contrario: el país
necesita quienes hagan producir toda la tierra que hoy no aporta
nada".
Acerca de esa realidad también está mucho más clara Arelys
Cervantes Rosabal, del municipio de Colombia, quien ahora agradece
la recomendación inicial de su prima Idalmis, graduada de agronomía
en esta misma universidad.
Un asunto llama la atención. Es la capacidad de estos jóvenes
para convertirse en difusores o multiplicadores de información y de
motivaciones, mediante el intercambio con otros alumnos de
preuniversitario, por lo que es de esperarse que cada día más
uniformados azules pasen por esta Universidad.
Hablando en términos agrícolas, se está realizando algo así como
"un primer pase de gradas" sobre el terreno. Lo fundamental es no
perder el ritmo, para impedir que la inercia y los conceptos
erróneos "enyerben" la mentalidad y la visión en torno al ingreso en
especialidades como la Agronomía y otras relacionadas con la tierra:
decisivas ayer, hoy y mañana dentro de un país como el nuestro.