Poco
a poco, tal parece que la esperanza vuelve a calar en el fútbol
cubano. O por lo menos en sus categorías inferiores, donde la
selección sub 17 sueña despierta por estos días con alcanzar su
tercera participación en Copas Mundiales.
Una buena señal, en ese sentido, ha sido el primer amistoso que
vivió este martes en el estadio Pedro Marrero ante la filial
universitaria del prestigioso equipo uruguayo Peñarol, proclamado en
el 2009 como el Mejor Club sudamericano del siglo XX por la
Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol (IFFHS),
con un palmarés que abarca 46 campeonatos nacionales, cinco Copas
Libertadores y tres Intercontinentales.
Fue solo un amistoso, decíamos, pero era ante jugadores
uruguayos, que almacenan al fin y al cabo una cultura y tradición
futbolísticas comparables a las que en materia de béisbol posee el
cubano. Resultado: 2-0 a favor y otro saldo positivo más.
"A pesar de que el equipo saltó al campo con varios suplentes,
tuvimos más la pelota y manejamos mejor los tiempos", apunta el
técnico Israel Blake. A los ocho minutos el zaguero Enmanuel Labrada
firmaba la ventaja con un cabezazo a la salida de corner, mientras
Eddy Sanamé remachó el triunfo poco después en un rápido
contragolpe, lo que confirma la variedad de estilos en este
conjunto.
De ahí el optimismo que respiran todos sus jugadores de cara a la
ronda final de la CONCACAF que disputarán en febrero próximo en
Jamaica. Allí tendrán que vérselas a priori con Estados Unidos y
Panamá, pero no importa. La idea es luchar hasta el final por uno de
los cuatro boletos en juego rumbo al Mundial de México’11.
Aunque ninguno de ellos había nacido cuando Cuba clasificó por
última vez a un certamen de este tipo en Italia’91, el equipo en
pleno es del criterio unánime que se puede repetir esa hazaña,
lograda también dos años antes en Escocia’89. Como concluye el
delantero Javier Aguiar: "Hoy dimos todo sobre el terreno y
alcanzamos la victoria. Vamos a salir adelante".