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El buen tiempo y la ausencia de lluvias fuertes permiten hoy
acelerar los trabajos de rescate de cadáveres y limpieza en la
región serrana de Río de Janeiro, seriamente damnificada por
intensas precipitaciones.
Aunque este jueves amaneció con cielo nublado, las previsiones
del Instituto de Meteorología es de probable ocurrencia de lluvias
al final del día en áreas aisladas de la región serrana fluminense,
que desde la semana anterior vive la peor catástrofe natural de la
historia de Brasil.
Con una cifra de fallecidos que varía entre 745 y 748,
dependiendo de que quien emita el balance, ya sean los organismos de
socorro o las autoridades locales, lo cierto es que ese número aún
puede crecer mucho más debido a las más de 300 personas que
permanecen desaparecidas.
El martes de la semana anterior, un fuerte temporal azotó los
municipios montañosos de Nova Friburgo, Teresópolis, Petrópolis,
Sumidouro, Sao José do Vale do Río Preto y Bom Jardim, entre otros,
que provocó deslizamientos de tierra que arrastraron todo a su paso
y sepultaron cientos de viviendas.
Fallas en los sistemas de alerta de desastres, la falta de
estructura de la Defensa Civil de esos municipios para enfrentar
eventos naturales de la magnitud del acontecido y la construcción de
casas en áreas de riesgo se conjugaron para generar la mayor
tragedia en la historia brasileña, según diversos especialistas.
Las imágenes de las cadenas de televisión y de los fotógrafos
hablan por si solas de la enorme calamidad que abate esa región
serrana, uno de los principales atractivos turísticos de Río de
Janeiro, después de sus afamadas playas, con cientos de viviendas
arrasadas, ríos de lodo, puentes destruidos y carreteras borradas.
En medio de esa tragedia, el buen tiempo de las últimas 48 horas
ha permitido acelerar las trabajos de rescate, la limpieza, la
entrega de donaciones a los damnificados, así como la atención
médica y el auxilio a aquellos que se mantenían aislados desde la
semana anterior.
Y si bien la catástrofe es de una magnitud sin igual en la
historia nacional, también los brasileños, una vez más, dan muestras
de su espíritu solidario con masivas donaciones de sangre y entrega
de alimentos y artículos de primera necesidad que suman ya cientos
de toneladas.
Por otra parte, la tragedia sirvió también para agilizar la
implementación del nuevo Sistema Nacional de Prevención y Alerta de
Desastres, el cual debe quedar totalmente listo en cuatro años, pero
ya el próximo verano estará operando en las zonas de riesgo de este
inmenso país suramericano.
Datos oficiales calculan en más de cinco millones de brasileños
los residentes en unas 800 áreas de alto peligro de ocurrencia de
los principales eventos naturales que afectan esta nación, como
deslizamientos de tierra, inundaciones, sequías, resacas y
vendavales.