Difícil ha sido abstraernos en estos días de ocio al debate que
reina en el seno de la sociedad cubana. Por muchos motivos, incluso
alguno del más allá. Antes de despedir el 2010, por ejemplo, un
número significativo de babalawos y los miembros del Consejo Cubano
de Sacerdotes Mayores de Ifá, realizaron las ceremonias
correspondientes a la pre-apertura de la Letra del año 2011,
en la sede de la Asociación Cultural Yoruba de Cuba. ¿Y saben
ustedes cuál ha sido la primera recomendación de la Letra? Ahí les
va: "Dice Ifá: Que el triunfo de este año está basado en la
organización que mantengamos en nuestras vidas en general".
En este 2011 —regido por el severo Ogún, según nuestros babalawos—
hasta los ancestrales dioses africanos nos están pidiendo, por
encima de todo, ser organizados para obtener cualquier triunfo. Y
"ser organizados" significa un montón de cosas, pero las más
importantes están relacionadas con la unidad, el deseo de hacer bien
lo que nos toca a cada uno, de sacudirnos todos los vicios y tener
sentido del momento histórico que estamos viviendo.
Lo decía Eusebio Leal, en sus palabras durante un encuentro con
intelectuales y artistas el pasado 29 de diciembre: "El Presidente
no dijo ‘es quizás la última oportunidad’, sino ‘esta es la última
oportunidad’. Cuando lo dijo hizo una apelación a muchos, a
millones, pero particularmente a quienes nosotros representamos.
Creo que nuestro deber más profundo y más grande es hacer el último
esfuerzo para que nuestro tiempo no se pierda.
"No puede haber Restauración, como decían los revolucionarios de
la Comuna de París. No puede haber restauración del pasado, con sus
iniquidades, discriminaciones y miserias. No puede haber de ninguna
manera regreso de los Borbones, porque sería espantoso para
nosotros, tan espantoso como haber perdido el tiempo de una sola
vida de cualquiera de nosotros".
No puede haber Restauración, porque no puede desaparecer la
Revolución. De seguro, es ese el deseo de millones de cubanos para
el año que recién ha comenzado. De la misma manera que somos
millones los que anhelamos encaminar a la Nación por caminos
económicos más sólidos; buscando más bienestar y menos nudos en las
fuerzas productivas del país; saneando el entorno de esos burócratas
que cargan consigo una gaveta en lugar de un corazón; reconvirtiendo
el estado mental de muchos que no entienden todavía la urgencia de
salvar a Cuba, para salvar siglos de sueños y realizaciones, que son
las más caras herencias que vamos a dejar a nuestros hijos y nietos.
En el 2011, como ya comenzamos a hacer en el año viejo, es vital
que sigamos tratando cada uno de nuestros problemas domésticos a
camisa quitada, con la crudeza necesaria, pero sin llegar a ser
apocalípticos. Sabemos que en ese escenario siempre aparecerá la
mirada, el guiño y la opinión escurridiza del oportunista y del
malintencionado, mas esa realidad no debe coartar el análisis
crítico y auto-crítico de cada paso que demos y de nuestros errores,
equivocaciones y desviaciones.
De ese espíritu tenemos un vital ejemplo en el discurso de Raúl,
el pasado 18 de diciembre ante la Asamblea Nacional y el pueblo,
cuando reconoció con total transparencia: "Fidel con su genialidad
iba abriendo brechas y señalando el camino, y los demás no supimos
asegurar y consolidar el avance en pos de esos objetivos.
"Nos faltó en realidad cohesión, a pesar de la unidad que tiene
este pueblo alrededor de su Partido, de sus dirigentes, de su
Gobierno, nuestra arma estratégica fundamental para poder sobrevivir
más de cinco siglos, en una fortaleza sitiada, frente al más
poderoso imperio que ha existido en la historia. Pero nos faltó
cohesión, organización y coordinación entre el Partido y el
Gobierno; en medio de las amenazas y urgencias cotidianas
descuidamos la planificación a mediano y largo plazos, no fuimos
suficientemente exigentes ante violaciones y errores de carácter
económico cometidos por algunos dirigentes y también demoramos en
rectificar decisiones que no tuvieron el efecto esperado pero
supervivieron".
Nadie debe avergonzarse de rectificar lo que no va bien. Nadie
debe sentirse apesadumbrado si tiene la inteligencia, la valentía y
la osadía de corregir la ruta. Dicho a la manera poética de Silvio
Rodríguez: "Cuando las alas se vuelven herrajes/ es hora de
volver a hacer el viaje/ a la semilla de José Martí". Ese Martí
que advirtió profético: sin independencia económica no existe la
independencia política. Ese Martí que pulsando a Cuba nos dijo algo
de eterna actualidad: "Aquí se va creando una vida; créese aquí una
Economía".
Todos esos conceptos, desde la recomendación de Ifá para el 2011
hasta la brújula contenida en el proyecto de Lineamientos, desde las
palabras de Martí a las de Fidel, desde la poesía de Silvio al verbo
de Leal, desde el discurso de Raúl hasta la sabiduría del pueblo,
conforman hoy la Letra de Cuba, ese oráculo autóctono por el
que vamos rigiendo y construyendo los destinos de la Patria.