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El legado de Conrado Benítez
Entre los cientos de miles de jóvenes y casi
niños que en el año 1961 respondieron al llamado de Fidel para
alfabetizar a toda Cuba, estuvo Conrado Benítez, quien fue asesinado
al comenzar la campaña por quienes ansiaban apagar el faro de la
educación
Ventura de Jesús
Es difícil saber con exactitud cuántas escuelas llevan su nombre.
Lo que se conoce con certeza es que en muchos planteles de Cuba le
rinden tributo a Conrado Benítez, uno de los jóvenes que se hizo
maestro voluntario en 1960 para llevar la educación a las zonas más
recónditas del país.

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Ha transcurrido medio siglo desde su vil
asesinato, y Conrado sigue siendo muy recordado y querido.
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Conrado fue vilmente asesinado por bandas contrarrevolucionarias
al servicio de la CIA. Fue el 5 de enero de 1961, a escasos días de
haberse iniciado la Campaña de Alfabetización, una extraordinaria
hazaña protagonizada por unos 300 000 jóvenes y que en apenas un año
logró la eliminación del flagelo social del analfabetismo.
Aunque ya transcurrió medio siglo del abominable crimen, todavía
se recuerda a Conrado con mucho cariño en toda Cuba, y de manera
especial, en su barrio natal, Pueblo Nuevo, ciudad de Matanzas.
Regla Benítez, prima del mártir, se sorprende de cuánto afecto
despierta aún su recuerdo.
La
tía Miní recuerda cuánto se alegró Conrado cuando se enteró del
llamado de Fidel a alfabetizar.
"Yo nací tres años después de su muerte. Cuando tuve uso de razón
mi padre contó una y otra vez detalles de la triste historia. Supe
que era un muchacho muy educado, al que le gustaba trabajar para
ayudar en la casa e idolatraba a su abuela María Luisa. Se
distinguía, además, por su timidez, era callado y algo introvertido;
eso sí, tranquilo y cariñoso".
Regla tiene 47 años de edad, estudió licenciatura en Matemática y
es docente en la sede Universitaria de Cultura Física, en Matanzas.
"Quizás sea pura coincidencia, pero en la familia hay varios
maestros", dice sin disimular su admiración por el primo a quien no
conoció y de quien tanto se habla en casa.
De los más queridos
Herminia Benítez López fue de las personas más allegadas a
Conrado. Miní, como todos la llaman, vivía pendiente de los pasos de
su sobrino y nunca lo perdió de vista.
"Era una de las personas que más quise en este mundo, tanto como
a mis dos hijos", confiesa esta anciana de 86 años de edad y con
todas sus nostalgias vivas. El día que le dieron la noticia de su
muerte fue uno de los peores de su vida, recuerda.
Miní vive aún en la calle San Francisco, en el mismo hogar donde
vino al mundo Conrado, el maestro voluntario cuyo ejemplo sería
imitado después por miles y miles de jóvenes de todo el país, en una
gesta impar de la cultura y una extraordinaria demostración de lo
que pueden hacer las masas.
Sentada en la pequeña sala de su casa, con el pelo recogido en la
nuca y con cierto temblor en sus manos, Herminia recuerda al joven
que a los 18 años no había tenido tiempo de pensar en la muerte.
Cuenta que desde bien temprano mostró interés por la escuela. No
olvida tampoco su preocupación por ayudar en las tareas de la casa.
"Él mismo se construyó un cajón de limpiabotas y luego, ya en la
secundaria, se iba por las noches con sus amigos Adolfo y Evelio a
la panadería La Caoba, aquí en Pueblo Nuevo, para cooperar con
nuestra economía. No era niño de andar pidiendo. Había que obligarlo
a coger el medio para que fuera al cine".
Dice Miní que todavía recuerda la cara de alegría que puso cuando
se enteró del llamado de Fidel a los jóvenes que estaban dispuestos
a dar clases en las montañas y lugares apartados. Llegó a la casa
muy contento. Comentó que iban a venir con unas planillas. "Yo las
voy a llenar", dijo.
En Minas de Frío, en la Sierra Maestra, pasó Conrado la etapa de
entrenamiento y capacitación durante varios meses. Al repasar en su
memoria, Miní evoca que por aquella época se le veía contento,
conoció a una muchacha de Camajuaní de la cual llegó a ser novio;
disfrutaba de su papel como maestro y admiraba la forma en que sus
alumnos le agradecían.
"Los campesinos lo querían mucho. Salió con ellos, incluso, a
cortar la madera para hacer los pupitres de la escuelita. Cuando
vino en diciembre se llegó hasta la capital para comprarles algunos
juguetes a sus niños".
"El delito" de
alfabetizar
Junto a un grupo de maestras voluntarias, salió Conrado desde
Matanzas rumbo a las lomas del Escambray en los primeros días de
enero. Recogen historiadores que varios alzados, que vigilaban la
casa donde dormía el maestro, lo apresaron por la madrugada y se lo
llevaron. Después apareció asesinado debajo de una mata de guásima
junto a Heliodoro Rodríguez Erineo, combatiente del Ejército Rebelde
y fundador de las Milicias Nacionales Revolucionarias en el
Escambray.
El cuerpo del maestro presentaba heridas de arma blanca. Era
evidente que antes de ahorcarlo lo habían apaleado. Conrado tenía
apenas 18 años.
"Lo asesinaron por el delito de enseñar a leer y a escribir, y
para amedrentar a los que ya estaban alistados en las brigadas de
alfabetizadores. Pero lograron todo lo contrario. Los maestros se
multiplicaron. Todo el mundo se brindó. Luego nos animó mucho saber
que el país había sido declarado libre de analfabetismo.
"Ver a aquellos jóvenes, casi niños, con sus uniformes, faroles y
otros atuendos me ayudó a sobrellevar su ausencia. Siempre lo llevo
en mi corazón. No me olvido de él ni un minuto. Su muerte causó gran
conmoción, pero no fue en vano", confiesa la tía que lo quiso como
una verdadera madre.
Centenas de miles de niños y jóvenes partieron hacia las montañas
en valiente reto a los asesinos y no bajaron más hasta que, a
finales de 1961, Cuba fue declarada libre de analfabetismo. Décadas
más tarde se ensanchó el homenaje a Conrado y a otros mártires de la
Revolución, cuando miles de compatriotas marcharon a otras tierras a
borrar para siempre la ignorancia y la incultura. |