Durante las últimas semanas, en una singular demostración de
afecto, en 99 centros de Vueltabajo —clara alusión al número que
llevó en la espalda durante casi toda su carrera— el pueblo de esta
provincia le había preparado distintos homenajes.
La ceremonia oficial del retiro no podía ser en otro sitio que en
el estadio. Seguramente, esta fue su salida más difícil al terreno.
"Siempre que voy lanzar, aunque sea frente al equipo más débil
del campeonato, me pongo tenso", me reveló en una oportunidad.
Sin embargo, para quien manifestara como su meta principal el
cumplirle a su público "mientras el brazo aguante", ninguna otra
actuación puede haber sido más dura que la de subir al box para
decir adiós.
En 20 Series Nacionales, Pedro Luis Lazo registró 257 victorias
que lo sitúan al frente de ese importante casillero.
Muchos consideran además que de haber seguido jugando, en una, o
a lo sumo dos temporadas, se habría convertido en el líder en
ponches (le faltaban solo 73 para llegar a la cifra de 2 499,
impuesta por su coterráneo Rogelio García).
Durante 15 años en el equipo Cuba, Lazo también acumuló un
extenso palmarés que incluye cuatro medallas olímpicas (dos de ellas
de oro), el segundo lugar del primer Clásico Mundial de Béisbol, y
varios títulos del orbe, panamericanos, centroamericanos.
Aún así, las estadísticas no alcanzan a reflejar con total
magnitud su desempeño en momentos cruciales, ni su sentido del
espectáculo, ni el liderazgo dentro de la selección de Pinar del
Río, donde según los aficionados, su salida deja un gran vacío,
comparable únicamente con el retiro de Omar Linares.
Tampoco refieren las ofertas millonarias para tratar de
comprarlo, ni su probada fidelidad a su país y a su equipo,
resumidas por el propio Lazo en una frase breve y sentida: "A Pinar
del Río no lo traiciono ni con el pensamiento".
Con 37 años, y ante la posibilidad de que sus envíos comenzaran a
perder efectividad, el ídolo de Vueltabajo ha puesto fin a una
formidable trayectoria deportiva.
A estas alturas, no son pocos quienes lo consideran el mejor
lanzador de la pelota cubana, aunque para Pedro Luis Lazo, más
importante que los calificativos, es saberse querido por el pueblo,
porque "para ellos he entregado lo mejor de mi vida en el terreno".