Ensayo de ballet en Bellas Artes

Por primera vez se exhiben en Cuba las esculturas de Edgar Degas

Amelia Duarte de la Rosa

Desde hace una semana puede asistirse, en el Museo Nacional de Bellas Artes (Arte Universal), a una exposición extraordinaria, casi increíble: Todas las esculturas de Edgar Degas. Por primera vez en América Latina las 74 piezas fundidas en bronce, a partir de los yesos originales, por la Fundición Valsuani, estarán a la vista del público hasta el 24 de enero del año entrante.

La muestra itinerante, curada por Carol Conn y Walter Maibaum, director ejecutivo de The Degas Sculpture Project, tiene entre sus propósitos rendir homenaje al 90 cumpleaños de la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, quien asistió a la inauguración junto al norteamericano Alex Rosenberg, tasador de obras de arte.

Foto: Raúl LópezAlicia Alonso ante una de las esculturas de Degas.

Numerosas figuras de caballos, jockeys, bañistas y las famosas bailarinas de ballet, presididas por La pequeña bailarina de catorce años —la más famosa de sus esculturas y la única que Degas (1834-1917) exhibió en vida— conforman la exposición que proyecta a través del volumen el equilibrio, la fuerza expresiva y la búsqueda de la perfección que caracterizó al artista francés.

La producción escultórica del pintor, considerado uno de los fundadores del Impresionismo, fue encontrada justo después de su muerte en su apartamento. Debido al estado de conservación de la colección, que presentaba formas incompletas y no reparables, solamente se pudieron salvar como parte del patrimonio setenta y cuatro de las ciento cincuenta esculturas en cera, yeso y arcilla.

En 1919, la Fundición Hébrard comenzó a fundir los bronces a partir de setenta y dos ceras y dos yesos bajo un contrato que limitaba la fundición a veinte duplicados. Las series se reprodujeron hasta 1936, año en que las ventas quebraron debido a la Gran Depresión. Estas sobrerreproducciones fueron una de las pocas excepciones en el mundo del arte que aunque no eran bronces originales se consideraban como tal.

No obstante, a lo largo de los años cuando parecía que la obra de Degas quedaba solamente en los museos y en los libros, nuevos descubrimientos volvieron a convertirla en noticia. En 1955, la heredera de Hébrard reveló que más de sesenta ceras originales habían sobrevivido a los años de abandono por lo que continuó fundiendo los bronces hasta 1964, y casi cincuenta años más tarde setenta y cinco yesos completamente desconocidos reaparecieron en un almacén de la Fundición Valsuani.

La historia es bastante complicada, las esculturas que existen poseen sellos diferentes y ambos pugnan por la autenticidad, uno por la tradición y otro por la precisión. En sus palabras al catálogo de esta exposición —exhibida antes en Atenas, Tel Aviv y Bulgaria—, Maibaum explica los pormenores de la polémica y agrega: "Estos bronces son de primera generación, superiores en su nivel de fidelidad y más próximos a la mano de Degas".

Lo cierto es que la obra del pintor —que destaca mayormente por su visión particular sobre el mundo del ballet y la figura femenina— está en La Habana, oportunidad única para disfrutar la movilidad, la síntesis del espacio, la forma y las impresiones subjetivas que tan magistralmente logró plasmar en sus trabajos uno de los más grandes artistas de la primera mitad del siglo XX.

 

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