En Belén, Cisjordania ocupada, el Patriarca latino de Jerusalén,
Fuad Twal, manifestó con motivo de la Navidad que espera que "el
tañido de las campanas de nuestras iglesias cubra el ruido de las
armas en nuestro Oriente Medio herido".
Twal es la más alta autoridad católica en la Tierra Santa y en su
misa mostró el deseo de que "Jerusalén se convierta no solo en la
capital de ambas naciones (israelí y palestina), sino también en
modelo para el mundo entero de buen entendimiento y coexistencia
entre las tres religiones monoteístas".
Muy cercano, en la Franja de Gaza, asediada y agredida más de una
vez por la furia militar israelí, el reporte navideño señala que una
pastora palestina de 22 años, Salama Abu Asís, murió la víspera de
un disparo en la espalda y otros tres civiles, entre ellos un niño,
fueron heridos en igual ataque israelí.
Se trata de la Palestina real, la que vive otra Navidad. Donde
impera la ignominia y el genocidio por parte de un gobierno israelí
que se siente apoyado por la mayor potencia militar del planeta.
Y también por estos días, la administración norteamericana
decidió "no exigir más a Israel que deje de construir asentamientos
judíos en tierra palestina ocupada", y dar nuevas ayudas de miles de
millones de dólares para que Tel Aviv reciba del Pentágono modernos
aviones y otros medios de guerra. Todo esto, a cambio de que Israel
vuelva a la mesa de negociaciones, por supuesto, las que se celebran
por iniciativa de Washington.
Pero hay más en la Navidad palestina; la xenofobia se alienta
dentro de la sociedad israelí, donde ministros y dirigentes de
partidos de extrema derecha expresan públicamente que "los árabes y
los inmigrantes africanos amenazan la identidad judía".
La fecha, de celebraciones y recuentos, no puede olvidar que
Israel acaba de aprobar proyectos para construir 13 000 viviendas en
los asentamientos en Cisjordania y Jerusalén Este.
Todas son noticias que contrastan en fecha con la divulgada desde
esa propia región, donde en un opulento hotel de Abu Dhabi, en los
Emiratos Árabes Unidos, se acaba de instalar un enorme árbol de
Navidad a un costo de 11 millones de dólares. Tiene 13 metros y está
engalanado con 131 ornamentos de oro y piedras preciosas como
diamantes y zafiros.
Es la otra Navidad, la que desconoce la población palestina.