Jamás
la madrugada estuvo tan alegremente desvelada en el IPVCE Luis
Urquiza Jorge, de Las Tunas.
Estudiantes, profesores y demás trabajadores aguardaban el arribo
de Lisandra Cutiño Viñals: la ganadora absoluta del Concurso
Hispanoamericano de Ortografía, en su XI edición, celebrada en
Montevideo, Uruguay.
La apacible y tierna muchachita de Amancio liquidó en
procedimiento extra o de "muerte súbita" a la también finalista
Blanca Pérez, de España, para darle a Cuba por segunda ocasión el
orgullo de esa importantísima corona.
Cuando la vencedora llegó a su querido "pre", al son de gallos
animando la madrugada, el corazón le saltó por encima de sus
achinados ojos al ver un inmenso FELICIDADES LISANDRA, a todo lo
ancho de la plaza de formación: la misma donde se congregó el
Instituto en peso, bien temprano, para llenarla de alegría, besos y
abrazos.
Entonces supo que los muchachos de su grupo se habían convertido
en autores colectivos de un poema especialmente hecho para ella.
Y, como caídos del cielo, un ramo de flores y un delicioso cake
le pusieron a brincar también el pecho: agitado ya por el añorado
reencuentro con su padre.
"Muchas gracias a todos ustedes" –fueron las cinco palabras que a
golpe de emoción logró decir.
Tampoco hacía falta ni una más: Desde el fondo de su singular
modestia, Lisandra sabía que su triunfo era el triunfo del IPVCE, de
Las Tunas, de Cuba y sobre todo de quienes le transmitieron, desde
acá, toneladas de aliento dentro de la misma "ojiva" con cuya
impecable y rápida escritura venció finalmente a su contrincante
allá en Montevideo.