Contribuye a validar aún más esta necesaria iniciativa, una labor
similar cumplida ahora por el Grupo de Pesquisa Activa del Hospital
Comunitario de Referencia (HCR) de Thomazeau, convertido en una
unidad de tratamiento de cólera, del departamento Oeste. Ese GPA fue
el primero que pasó dos noches y tres días en el recóndito poblado
de Montale, subcomuna de Trou D’Eau de unos 4 000 habitantes.
Tras un primer fallido intento de subida —siempre hay tropiezos
en todo lo nuevo que se implementa—, el GPA de Thomazeau persistió y
ascendió al día siguiente más de una decena de kilómetros en el jeep
timoneado por el holguinero Wilber Hernández, quien hizo malabares
para vencer el agreste camino montañoso a Montale, dominado por
abruptas laderas y serpenteantes y escabrosos trillos de piedra
caliza.
Allí enfrentaron una fuerte lluvia, una densa niebla y un frío
insoportable, que los caló hasta los huesos, pero con la
satisfacción de haber atendido 66 casos de cólera, "de ellos un
deshidratado severo, cuatro moderados y el resto leves (en su primer
día de síntomas de la enfermedad), a quienes salvamos la vida",
expresa a Granma el médico argentino Emiliano Mariscal,
graduado de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) en el
2007, integrante de la Brigada Médica Cubana. Él lleva en su sangre
el "bichito" del internacionalismo y el servicio a los pobres como
nuestro Comandante Ernesto Che Guevara.
"En Montale los cuatro médicos (entre ellos tres galenos
egresados de la ELAM de nacionalidad chilena y ecuatoriana) y cuatro
enfermeros del Grupo nos instalamos en la iglesia católica del
lugar, conversamos con el cura y los reverendos de las otras
iglesias (dos evangélicas y una bautista) y los líderes informales y
les pedimos que corrieran la voz de nuestra estancia en el lugar
loma abajo.
"Se veían caras de asombro por haber visto por primera vez
médicos que los fueran a visitar y a conversar con ellos.
"Pudimos dar charlas preventivas casa a casa en el propio Montale,
incluso en una valla de gallos de pelea, con un centenar de
lugareños.
"A todos explicamos del porqué la gente se enferma de cólera, las
medidas elementales higiénicas a adoptar como lavarse las manos, la
necesidad de tomar agua clorada, repartimos sales de rehidratación;
también atendimos a pacientes aquejados de otras enfermedades como
hipertensión arterial y problemas de la piel.
"Hasta el Hospital Comunitario de Thomazeau estos pacientes
tendrían que salvar la distancia, caminando cuesta abajo, de cinco a
seis horas y no son todos los que se deciden y pueden hacer la
travesía enfermos y por un difícil camino.
"Esta experiencia valida la utilidad de los Grupos de Pesquisa
Activa para enfrentar el cólera y cortar la transmisión, porque la
atención médica inmediata figura entre las medidas descritas en la
bibliografía, que reducen la letalidad de este mal. Al tratar al
paciente también tratamos a la familia, se hace profilaxis de
contacto.
"Lamentablemente antes de nuestra llegada nos informaron que seis
contagiados fallecieron por el cólera, pero salvamos a esos 66
pacientes que pudimos atender, que hubieran muerto de no ser
tratados."
El doctor Emiliano, quien llegó en febrero pasado tras el
destructor terremoto sufrido por Haití a principio de año, expresa
sin vacilación: "No hay país en el mundo con mayor voluntad para
ayudar a Haití que Cuba, a pesar de estar bloqueada por Estados
unidos, y de que los grandes medios de comunicación minimicen su
labor humanitaria aquí por razones políticas. Y no solo eso, Cuba
cuenta con autoridad moral en el señalamiento de las pautas del
combate al cólera entre los actores internacionales presentes en
Haití".