Rusia-Estados Unidos

¿START o no START?

ELSON CONCEPCIÓN PÉREZ
elson.cp@granma.cip.cu

El Senado norteamericano dio luz verde al acuerdo ya rubricado por los mandatarios norteamericano y ruso, de limitación de armas nucleares. Insuficiente si se tiene en cuenta que con solo algunas pocas de las ojivas nucleares que hoy existen en el mundo —con control o sin él—, se puede producir la hecatombe y hasta la desaparición de las especies vivientes.

Avión B-52, de Estados Unidos, cargado de ojivas nucleares.

Más aun cuando la ratificación del nuevo Tratado START alcanzado entre Rusia y Estados Unidos, se produce al concluir un año en el que todavía suenan tambores de guerra en la península coreana y no ha desaparecido la amenaza contra la República Islámica de Irán, que desataría una catástrofe de incalculables consecuencias para la Humanidad.

Israel, convertido en la quinta potencia en poseer estos artefactos, no acepta inspecciones ni firma de acuerdos, por lo que aparece desafiante como electrón suelto en medio de un barril de pólvora.

Tan solo esas razones constituyen elementos adversos para el alcance de un verdadero clima de paz y para que el mundo pueda creer de verdad que la amenaza nuclear deje de existir.

El Tratado START II o nuevo START, como algunos lo llaman, lo rubricaron los presidentes de Rusia y Estados Unidos, en abril del 2010, en la ciudad de Praga. Es el compromiso de las dos mayores potencias con esas armas, pero cientos de esos artefactos están en manos de otros países no firmantes del documento, que pueden en cualquier momento y situación poner en riesgo el supuesto avance que busca este acuerdo.

START prevé que ambas potencias limiten el máximo de cabezas nucleares permitidas en sus respectivos arsenales de las actuales 2 200 a 1 550, ridículo gesto protocolar, pues solo con una parte de la diferencia entre lo que tienen y lo que van a limitarse bastaría para el suicidio del planeta.

Ya en la década del 60, durante la guerra fría, las superpotencias advirtieron la necesidad de limitar la carrera de armamentos que parecía no tener fin, entre otras razones por su alto costo y el riesgo de una guerra accidental —decían.

Ahora el mandatario estadounidense Barack Obama tuvo que hacer grandes concesiones para lograr la ratificación en el Congreso.

Alice Slater, directora de la fundación Nuclear Age Peace, con sede en Nueva York, recordó que, además de los 85 000 millones para los laboratorios nucleares especializados en armamentos en Los Álamos, Oak Ridge y la ciudad de Kansas, el gobernante prometió otros 100 000 millones para desarrollar los nuevos equipamientos encargados de transportar las armas nucleares hasta sus eventuales blancos como submarinos, misiles y bombarderos, dice un despacho de la agencia ANSA.

Hasta última hora, los republicanos frenaban la ratificación del modestísimo Tratado, exigiendo garantías de nuevos fondos para modernizar el armamento nuclear.

Recordemos, además, que son precisamente los republicanos quienes asumirán por mayoría el control de la Cámara Alta dentro del Congreso a partir de este mes de enero.

START o no START no es un dilema, porque realmente el futuro de la Humanidad es el problema que ese Tratado ni siquiera se asoma a resolver.

 

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