En
el tramo final de su más reciente concierto en la Casa del Alba, el
trovador Vicente Feliú interpretó una canción que si bien pertenece
al cantante y compositor argentino Alejandro Lerner, pudiera definir
con líneas maestras su credo artístico. Este gran himno de Lerner le
habla directamente al corazón de un músico que sostiene desde la
coherencia artística una sólida carrera en la que se han aliado la
pasión, la poesía, la lucha. Y todo a pulmón.
Hace
tiempo, Vicente músico dejó de ser aquel joven que se enfrascó
durante los años 60 en las labores fundacionales del Movimiento de
la Nueva Trova (MNT), junto a Silvio Rodríguez, Pablo Milanés o Noel
Nicola, entre otros. Sin embargo, más de cuatro décadas después, el
tiempo no ha cuarteado su actitud creativa ni el espíritu de sus
canciones. Es decir, este autor, desde su propia filosofía personal,
no ha hecho sino seguir siendo un fiel continuador de la identidad
de aquella escuela con el despliegue de una obra considerada entre
las más épicas de su generación.
A la par de discos como Créeme, No sé quedarme,
Aurora o Guevarianas, a Vicente también le han nacido
hijos que ha visto crecer en el mundo de la música desde diversas
posiciones creativas, tanto en el arte de la canción trovadoresca
como en el rock and roll.
Justamente, con dos de sus hijos, la cantante Aurora de los Andes
y Víctor Feliú, guitarrista de la emblemática banda capitalina de
metal Agonizer, Vicente llegó por primera vez al escenario para
llevar adelante un concierto en el que delineó un recorrido por
imprescindibles facetas de su trayectoria a través de una selección
de sus canciones. Y detrás de ellas vinieron, entre otros, los
recuerdos de sus inicios en la música de la mano de su padre; de su
etapa como miembro y presidente del MNT; del periodo en que formó
parte de las brigadas internacionalistas cubanas en la contienda por
la independencia de Angola; de sus giras por América Latina durante
los años 80 y 90 en respaldo a los movimientos de liberación; y de
sus funciones como promotor cultural y mentor de las nuevas
generaciones de trovadores.
Pero el teatro de la Casa del Alba fue en esta ocasión algo más
que un espacio de conciertos. Fue, sobre todo, un escenario para un
intercambio fraternal con sus amigos y seguidores que llenaron la
instalación donde se realizó, con este encuentro, una nueva edición
del proyecto Canto de Todos.
Incondicional de la obra de Violeta Parra, Atahualpa Yupanqui y
Víctor Jara, Vicente Feliú es un creador que sabe muy bien hacia
dónde quiere dirigir su arte. Aprovecha, entonces, cada presentación
para reafirmar su visión de la trova como forma de obrar con
justicia en el mundo y transformarlo. Como sucede con los textos de
otros tantos juglares, sus canciones también están construidas con
restos de madrugadas, amores, desamores, inquietudes, esperanzas,
convicciones...
Lo anterior lo confirmó nuevamente con esta actuación en la que
acercó al público títulos como Sueño y orgullo, No sé
quedarme y He aprendido a quedarme, entre una larga lista
de temas que permitieron ver la fibra sensible y la estatura de ese
trovador que es Vicente.
Nacido en La Habana en 1947, el autor de Créeme se ha
impuesto como otro de los destinos de su actividad musical, rescatar
y difundir el acervo de la trova tradicional cubana, cuya presencia
sonora ocupó nuevamente un lugar esencial en su repertorio.
Hacia el final, volvió sobre el motivo de celebración del
concierto y, acompañado por sus hijos, llamó al escenario a su
esposa Aurora para interpretar Piropos y cerrar con todo esta
inspiradora cita entre la familia Feliú y los partidarios de la
trova.