Vicente Feliú

Todo a pulmón

MICHEL HERNÁNDEZ
michelher@granma.cip.cu

En el tramo final de su más reciente concierto en la Casa del Alba, el trovador Vicente Feliú interpretó una canción que si bien pertenece al cantante y compositor argentino Alejandro Lerner, pudiera definir con líneas maestras su credo artístico. Este gran himno de Lerner le habla directamente al corazón de un músico que sostiene desde la coherencia artística una sólida carrera en la que se han aliado la pasión, la poesía, la lucha. Y todo a pulmón.

Foto: Yander ZamoraHace tiempo, Vicente músico dejó de ser aquel joven que se enfrascó durante los años 60 en las labores fundacionales del Movimiento de la Nueva Trova (MNT), junto a Silvio Rodríguez, Pablo Milanés o Noel Nicola, entre otros. Sin embargo, más de cuatro décadas después, el tiempo no ha cuarteado su actitud creativa ni el espíritu de sus canciones. Es decir, este autor, desde su propia filosofía personal, no ha hecho sino seguir siendo un fiel continuador de la identidad de aquella escuela con el despliegue de una obra considerada entre las más épicas de su generación.

A la par de discos como Créeme, No sé quedarme, Aurora o Guevarianas, a Vicente también le han nacido hijos que ha visto crecer en el mundo de la música desde diversas posiciones creativas, tanto en el arte de la canción trovadoresca como en el rock and roll.

Justamente, con dos de sus hijos, la cantante Aurora de los Andes y Víctor Feliú, guitarrista de la emblemática banda capitalina de metal Agonizer, Vicente llegó por primera vez al escenario para llevar adelante un concierto en el que delineó un recorrido por imprescindibles facetas de su trayectoria a través de una selección de sus canciones. Y detrás de ellas vinieron, entre otros, los recuerdos de sus inicios en la música de la mano de su padre; de su etapa como miembro y presidente del MNT; del periodo en que formó parte de las brigadas internacionalistas cubanas en la contienda por la independencia de Angola; de sus giras por América Latina durante los años 80 y 90 en respaldo a los movimientos de liberación; y de sus funciones como promotor cultural y mentor de las nuevas generaciones de trovadores.

Pero el teatro de la Casa del Alba fue en esta ocasión algo más que un espacio de conciertos. Fue, sobre todo, un escenario para un intercambio fraternal con sus amigos y seguidores que llenaron la instalación donde se realizó, con este encuentro, una nueva edición del proyecto Canto de Todos.

Incondicional de la obra de Violeta Parra, Atahualpa Yupanqui y Víctor Jara, Vicente Feliú es un creador que sabe muy bien hacia dónde quiere dirigir su arte. Aprovecha, entonces, cada presentación para reafirmar su visión de la trova como forma de obrar con justicia en el mundo y transformarlo. Como sucede con los textos de otros tantos juglares, sus canciones también están construidas con restos de madrugadas, amores, desamores, inquietudes, esperanzas, convicciones...

Lo anterior lo confirmó nuevamente con esta actuación en la que acercó al público títulos como Sueño y orgullo, No sé quedarme y He aprendido a quedarme, entre una larga lista de temas que permitieron ver la fibra sensible y la estatura de ese trovador que es Vicente.

Nacido en La Habana en 1947, el autor de Créeme se ha impuesto como otro de los destinos de su actividad musical, rescatar y difundir el acervo de la trova tradicional cubana, cuya presencia sonora ocupó nuevamente un lugar esencial en su repertorio.

Hacia el final, volvió sobre el motivo de celebración del concierto y, acompañado por sus hijos, llamó al escenario a su esposa Aurora para interpretar Piropos y cerrar con todo esta inspiradora cita entre la familia Feliú y los partidarios de la trova.

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Cultura | Deportes | Cuba en el mundo |
| Comentarios | Opinión Gráfica | Ciencia y Tecnología | Consulta Médica | Cartas| Especiales |

SubirSubir