Las verdades de Fidel

Aniversario 60 de la primera autodefensa del líder de la Revolución, ocurrida en Santa Clara

FREDDY PÉREZ CABRERA

El 14 de diciembre de 1950 las paredes de la Audiencia de Santa Clara retumbaron ante la fuerza telúrica de las palabras de un joven abogado llegado de La Habana para asumir su propia defensa.

En la casa de Benito Besada Fidel realizó parte de su preparación para la autodefensa.

Nunca antes alguien se había atrevido a decir tantas verdades juntas, ni había cuestionado al Gobierno de turno con argumentos tan sólidos e irrebatibles.

Aquel día, el líder estudiantil Fidel Castro, compareció ante el Tribunal de Urgencia de Las Villas, acompañado de Enrique Benavides Santos, acusados de haber promovido disturbios estudiantiles en la ciudad de Cienfuegos.

Durante la vista, enmarcada en la Causa 543, el joven letrado utilizó la toga y el birrete por primera vez en una causa propia, mientras Benavides era defendido por el magistrado Benito Besada, condiscípulo de Fidel en la Universidad de La Habana.

Los hechos que motivaron el juicio habían tenido lugar en noviembre de ese año cuando ambos jóvenes, integrantes de un comité de lucha de la organización universitaria, viajaron a Cienfuegos invitados por los estudiantes de la localidad, para protestar por los desmanes del régimen del presidente Carlos Prío Socarrás y su Ministro de Educación, Aureliano Sánchez Arango.

Toga usada por Fidel durante el juicio celebrado en la audiencia de Santa Clara.

La noche del 12 de noviembre, mientras Fidel y su compañero se disponían a participar en un mitin frente al Ayuntamiento local, resultaron detenidos y sometidos a maltratos en la Estación de Policías, hecho que provocó la repulsa de los estudiantes.

Ya de madrugada y en medio de una tenaz resistencia, los jóvenes fueron sacados del calabozo por los guardias, a fin de ser conducidos hacia Santa Clara. Durante el recorrido, temeroso de las represalias que pudieran tomar los agentes de la policía, el doctor Ángel Vital, presidente del Ayuntamiento cienfueguero, siguió a los carros, frustrando la consumación de un posible asesinato, hecho muy frecuente en aquella sociedad de gangster.

Tras el traslado a la capital de Las Villas se produjo la rápida movilización estudiantil, la que junto a las denuncias del líder ortodoxo Eduardo R. Chibás, obligó al gobierno de Prío a decretar la libertad provisional de los detenidos, fijándose como fecha del juicio el 14 de diciembre de ese año.

En el viaje en tren hacia Santa Clara, la noche anterior al juicio y durante una breve estancia en casa de su amigo Benito Besada, situada en la esquina de las calles Máximo Gómez y Martí, Fidel aprovechó para preparar su autodefensa, para lo cual escogió lecturas de Martí y el Yo Acuso, de Emilio Zola.

Años después el abogado Besada, ya fallecido, recordaba que al llegar a su casa el futuro jefe de la Revolución le pidió que defendiera a Benavides, pues él se encargaría de su propia defensa.

Ya en el juicio, y en su condición de abogado defensor, Fidel solicitó la presencia del capitán Manuel Pérez Borroto, jefe de la Policía en Cienfuegos y principal acusador, para que declarase. Ante la locuacidad del joven, el presidente del Tribunal llamó su atención en reiteradas ocasiones, a fin de que moderase el tono de sus palabras.

Fidel estuvo estupendo, recordaba Besada, con una oratoria desbordada que cautivó a la sala, ante la cual el presidente del Tribunal optó por dejarle hablar sin restricciones.

A lo menos que se refería el futuro líder de la acción del Moncada era a los hechos que se le imputaban, decía Besada. Más bien, aprovechó la ocasión para denunciar el estado de corrupción imperante en Cuba, el robo, los asesinatos políticos y la represión policial hacia todo aquel que se manifestara en contra del Gobierno.

Ante tal frenesí, varias veces Besada haló la toga del joven letrado para que contuviera su ímpetu, más resultaba imposible detener aquel torrente de verdades. Cuando el Tribunal se retiró a deliberar, Fidel preguntó a su amigo qué tal había estado, a lo que Benito respondió ¡Muy mal!, el juicio estaba trascurriendo favorable a nosotros y tú lo complicaste con esas cosas que expresaste, ante lo cual exclamó tranquilo: Eso no importa. Vine a decir verdades, y las dije. Al final Fidel y Benavides resultaron absueltos.

Tres años después, en el mes de octubre, el jefe de la Revolución Cubana volvería a la carga contra el régimen de turno, y ante el Tribunal que le juzgaba en Santiago de Cuba por los sucesos del ataque al Cuartel Moncada pronunciaba su histórico alegato La Historia me Absolverá, que como antes, en Santa Clara, constituyó una vibrante expresión de su estatura política.

Foto 2:

 

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