La mina blanca de Matanzas

Ventura de Jesús

Visitar la mina de yeso donde trabajaba su papá fue para Sandry Guerra una de las principales rutinas de su infancia. De pequeño, con apenas tres años de edad, el padre lo llevaba del brazo todos los días a la cantera abierta donde también se habían ganado el sustento sus abuelos paterno y materno, cuando las piedras se fragmentaban a fuerza de mandarria.

Fotos del autor En el yacimiento de Canasí aspiran a cerrar este año con más de 50 000 toneladas de yeso triturado.

La roca al desnudo y la extremada aridez de aquel suelo esquelético sin cobertura vegetal, en áreas de la llanura La Habana-Matanzas, fue de los primeros escenarios que vio ante sí el joven Sandry, quien algún tiempo después decidió extender la tradición familiar.

Actualmente labora como mecánico y operador de equipo en dicha mina, y al parecer heredó el mismo entusiasmo de sus predecesores. "Puedo decir que soynacido y criado dentro de esta cantera, y al igual que mis abuelos, aquí me retiro", dice con aire de regocijo este muchacho de 25 años de edad.

Que no falte el cemento gris

Sandry es parte del reducido colectivo que labora en las minas de yeso ubicadas en la finca San Antonio, en las inmediaciones del poblado de Corral Nuevo, Matanzas. Entre los 23 trabajadores hay historias muy similares a la suya.

Para Sandry Guerra, trabajar en estas canteras es una cuestión de tradición familiar.

Las canteras de esta región integran uno de los tres yacimientos del país que proveen de la vital materia prima a la industria de cemento, gracias a lo cual, se prescinde de costosas importaciones.

Cuba se ahorra 23 dólares en cada tonelada de yeso triturado en nuestras minas, señala Wilber Reyes, director de producción de la Empresa de Materiales de la Construcción en la provincia. Sostiene que en el año 2009 el país importó un volumen cercano a las 15 000 toneladas, básicamente de Jamaica y República Dominicana.

Las minas matanceras, conocidas también como yacimiento Yeso Canasí, han logrado en el actual año una de las mejores producciones de las últimas dos décadas. Ya rebasaron el plan de 43 000 toneladas y es bastante probable cerrar el 2010 con un volumen superior a las 50 000 de yeso triturado, material que trasladan por vía férrea hacia las fábricas de cemento del Mariel y Artemisa, aunque este año han aportado algunas cantidades a Nuevitas, en Camagüey.

Para Pedro Cabrales, jefe del centro, otra importante conquista es la alta productividad. "Se nos pidió duplicar la materia prima que hacemos en un mes para estabilizar la fabricación del cemento gris en el país", aseguró luego de reconocer que lo hicieron con la mano de obra justa, aproximadamente con menos de la mitad de los obreros utilizados en épocas en que la fábrica llegó a extraer hasta 100 000 toneladas al año.

A Pedro no le parece ninguna exageración asegurar que los hombres que laboran en la mina de San Antonio es gente consagrada a su faena. Siempre están dispuestos a trabajar el tiempo necesario y bajo condiciones por lo regular difíciles, subraya tras significar que el resultado de este año no ha sido una simple casualidad. Están convencidos de la importancia de su aporte, en una coyuntura económica en la que se ejecutan inversiones de peso y aumenta la demanda nacional de cemento gris, comenta.

Un oficio a respetar

Es casi imposible fijar la vista por mucho tiempo en el suelo de esta mina a cielo abierto. Un polvo grisáceo con vetas blancas, junto al resplandor del sol, empañan la mirada. "Este es un oficio que infunde respeto", dice Camilo Vega, con muchos años al tanto del molino de trituración y la tolva receptora.

El aporte de las canteras matanceras es indispensable para responder a la demanda de cemento gris del país.

Otro trabajador, Luis Tabares, explica que para desenterrar el yeso es necesario extraer primero una capa de arcilla que oscila entre uno y cinco metros de diámetro; sin embargo, advierte que la faena no es tan difícil como algunos piensan, "de lo contrario no habría tanta estabilidad laboral", reconoce.

Con un brillo de satisfacción en la mirada habla Pedro Cabrales del estado de conservación del nuevo equipamiento. Ya tienen tres años de explotación y parecen como nuevos, indica al referirse al cargador y a los tres camiones de nacionalidad china que trasladan el yeso.

Los choferes Lesmer Torres y Reynaldo Domínguez, confirman el esmero en el manejo de los equipos. Si no lo cuidáramos como es debido, sería como echar por tierra el esfuerzo del país en adquirir maquinaria con tecnología de punta, razona Reynaldo.

El resto del colectivo sigue el mismo ejemplo. Aquí todos somos en extremo celosos del cuidado de la planta y de la explotación del yacimiento, significa Pedro para recalcar la opinión de los choferes.

En total acuerdo con ellos, el joven Sandry recuerda la curiosa historia de una mina de alto contenido de pureza y de reservas minerales millonarias, donde hace unas seis décadas escarbaron sus abuelos para extraer el codiciado yeso que hoy contribuye a sustituir importaciones y representa un potencial exportable.

 

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