Los protagonistas, un matrimonio de profesionales de la salud
cubanos, cuya faena de enamorados toma cuerpo en pleno 2010.
En el hospital comunitario de referencia (HCR) de Thomazeu,
convertido en una Unidad de Tratamiento de Cólera (UTC), muy cerca a
Puerto Príncipe, la licenciada en enfermería Marlene Ferrer Ogues y
su esposo, el doctor Rubén Aneiros Medina, salvan con devoción
muchas vidas de las fauces terribles del cólera; y a la vez forjan
su historia de amor en el día a día en medio de los avatares de una
letal epidemia, que hace reflexionar también sobre la familia, la
amistad, el amor en las diferentes etapas de la vida, la fidelidad,
la convivencia conyugal, y por qué no, en la muerte.
El amor de Rubén y Marlene floreció en el hospital Arnaldo Milián
Castro, de Santa Clara, Villa Clara. Llevan un feliz matrimonio en
la vida y en la profesión de 16 años. Ambos cumplieron su primera
misión médica en la República Bolivariana de Venezuela y ahora lo
hacen en el sufrido Haití, flagelado por catástrofes naturales y
sanitarias y una desesperanza que aprieta el corazón.
"Hemos tenido la oportunidad de estar juntos en estas dos
misiones. Nuestra compenetración en el plano íntimo también ha sido
un factor favorable en la atención a pacientes tan frágiles como los
que padecen cólera en Haití. A veces de solo mirarnos sabemos qué
queremos el uno del otro. Formamos un equipo maravilloso", expresa
con satisfacción el doctor Rubén.
Se antojó Cupido de flecharlos cuando ella, audazmente, le pidió
una botella en su bicicleta. "Nuestro amor se ha fortalecido más en
estas adversas condiciones", sentencia ella.
Especialista en terapia intensiva y medicina general integral, el
doctor Rubén también expresa que le ha impresionado sobremanera la
pobreza extrema de este hermano pueblo caribeño, que padece muchas
otras enfermedades infecciosas y transmisibles con altas tasas de
VIH-SIDA, leptospirosis, paludismo, fiebre tifoidea o parasitismo.
"Es un pueblo desvalido que necesita nuestra mano amiga", dice él.
Pude observar in situ el desvelo de Rubén y Marlene para
salvarle la vida a un niño, Willerson Crispo, historia en la cual
también tienen méritos propios las doctoras Sandra Barnett Carrión,
especialista en medicina general integral, e Iliana Hernández Pérez,
pediatra, quienes unidos en interconsulta lograron el objetivo.
Ahora el infante está fuera de peligro.
El menor, que llegó más muerto que vivo a la UTC de Thomazeu,
presentó un delicado cuadro clínico, pues además de la
deshidratación, sufría una malaria cerebral, dos enfermedades
infecciosas muy peligrosas, que acarrean un sin número de
complicaciones en niños pequeños¼ sin
embargo, otra vida le fue arrancada a la muerte.