La puntualidad en el inicio de esta zafra distingue a los dos
primeros centrales recién incorporados a la producción de azúcar.
Por la caña estimada y tener ambos el encargo de fabricar el
refino que se distribuye a la población, el Ministerio del Azúcar (MINAZ)
decidió dar el pitazo inicial por el Treinta de Noviembre, de Pinar
del Río, y el Mario Muñoz Monroy, de Matanzas.
En esos centrales montaron las plantas de refinación que antes
operaban en el también pinareño José Martí y el capitalino Manuel
Martínez Prieto, desactivados por ineficientes e irrentables.
Antes de terminar el año deben estar en zafra 15 ingenios y a
partir de enero sumarse los que faltan hasta completar la nómina de
39, o sea, cuatro menos que en la campaña anterior.
El ingeniero Orlando García Ramírez, titular del MINAZ, expresó a
Granma que el objetivo es invertir los recursos en los
centrales más seguros y estables.
Sobre la marcha, afirmó, podrá saberse con exactitud si las
reparaciones fabriles y en los medios de corte, alza y tiro, son
capaces de respaldar los niveles de calidad y de eficiencia que
hacen falta.
Hay quienes opinan que un efectivo comienzo es apenas el pálido
reflejo de los resultados finales, en cambio la historia demuestra
lo contrario: es muy difícil "enderezar" la zafra si el inicio es
inestable.
El Mario Muñoz Monroy, el más joven de los centrales cubanos,
construido por la Revolución, se caracteriza, desde su primera
zafra, por ir en la vanguardia de casi todos los indicadores y como
estelar aportador de energía eléctrica al sistema nacional.
Por su parte, la industria del Treinta de Noviembre, otra obra de
la Revolución, tuvo una excelente labor en la contienda precedente,
pero el suministro de materia prima fue pobre. Esta vez la molida
debe mejorar al recibir caña del central Abraham Lincoln, de
Artemisa.