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Fruticultores que “entierran” las trabas
Juan Varela Pérez
juan.pvp@granma.cip.cu
La Cooperativa de Crédito y Servicios Antonio Maceo, se ratifica
en este cierre del 2010 como verdadero modelo nacional en la
fruticultura, la diversificación y el óptimo uso de la tierra.
El
primer vivero creado en una CCS nació, pese a no pocas oposiciones,
en la Antonio Maceo y hoy es un bastión en el desarrollo de los
frutales.
Para alcanzar los logros que hoy muestra y ser fiel a sus
propósitos derrotó incomprensiones y desafíos de quienes, ajenos a
la realidad y las exigencias actuales de la agricultura cubana, se
aferran a anticuados conceptos.
El 11 de enero del 2004 el General de Ejército Raúl Castro Ruz
visitó al colectivo de Bejucal y dialogó con la directiva y
asociados sobre la urgencia de aplicar nuevas ideas organizativas y
convertir a esa CCS, en corto tiempo, en productiva, eficiente,
rentable.
Aquel encuentro fue muy valioso y estimulante, señalan los
cooperativistas, porque no pocas veces "tuvimos que luchar duro
contra lo imposible y ese apoyo reconfortó a todos".
Previo análisis de aquel intercambio y otras consultas y
opiniones recogidas en la base, el 13 de junio del 2008 el
Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros le confió a la
Antonio Maceo el honor y la responsabilidad de crear la primera
cooperativa frutícola del país.
El ingeniero Lázaro Hernández Hernández, presidente de la CCS,
está entre quienes no se dan por vencidos. Explicó que "discutimos
internamente lo orientado por Raúl, sus ideas y la vía más rápida
para ofrecer una inmediata respuesta. No había tiempo para la
espera".
Unos 24 meses después ya se apreciaban la utilidad de esas
experiencias, la integralidad en los avances y cómo la CCS devino
guía de este movimiento en pleno auge al que se han incorporado 28
cooperativas.
En la actualidad se desarrolla un proceso de selección para
llegar, en fecha no lejana, a las 100 cooperativas especializadas en
frutales. Orlando Lugo Fonte, presidente de la Asociación Nacional
de Agricultores Pequeños, anunció que en febrero próximo los
presidentes de todas ellas se reunirán en la Antonio Maceo de
Bejucal para comprobar, de primera mano, cuánto se puede hacer a
favor de los frutales y el rescate de especies olvidadas.
La pionera de esta cruzada nacional exhibe significativos
adelantos pero el más evidente es la antes casi prohibida
diversificación, al pasar de 40 los cultivos que forman su techo
productivo.
Fundamental la
diversificación
Dada la ubicación geográfica del país y estar sujeto al azote de
huracanes y otras alteraciones climáticas, la diversificación es la
vía para, al menos, preservar las frutas en determinadas zonas.
Al momento de crearse esta CCS tenía apenas 53 hectáreas bajo
riego, poco después llegó a unas 165 y ahora el propósito es seguir
hasta las 400 hectáreas con un nivel de aprovechamiento muy alto por
el uso del policultivo. Esa meta será posible cuando reciban tierras
del propio municipio, ya escogidas, y que hoy están vacías o
improductivas.
A poco de terminar el año con una diversificación que se amplía y
consolida, en el grueso de las siembras predominan el aguacate,
guayaba, fruta bomba, mango, zapote (mamey) y cítricos casi siempre
intercalados con frijoles, boniato, malanga, col y tomate.
El tramo recorrido no ha sido fácil al tener que violar viejas
disposiciones que obligaban al empleo de métodos antiguos como el
monocultivo, borrar esquemas mentales e introducir un sistema de
siembra más dinámico y provechoso.
Apunta Lázaro Hernández que, por lo general, las variedades en
desarrollo se limitaban al cítrico, mango o aguacate, por lo cual el
centro de las llamadas "calles", hoy bien aprovechadas, quedaba
libre y el control sobre las malezas costaba más y compactaba el
suelo al realizarse mecanizadamente.
En lo económico hay ejemplos válidos para cualquier unidad:
recuperar lo invertido en esas frutas demoraba 5 o 6 años y a veces
hasta más en dependencia de los beneficios, pero los gastos
generales se mantenían inalterables o aumentaban.
Dados los cambios en la organización agrícola que introduce este
sistema, en la actualidad los gastos pueden —lo cual está probado—
amortizarse en 15 o 20 meses.
Esto demanda siembras de cultivos "a largo plazo" como el
aguacate, mango, cítricos y zapote y aprovechar las "calles" con los
de mediano plazo (melocotón, guayaba y piña). Con esos rotarían los
de "corto plazo": fruta bomba, viandas, hortalizas y granos. La gran
ventaja es que ni un solo cordel queda vacío.
Para hacerle honor a su condición de "cooperativa laboratorio"
donde los viveros reciben alta preferencia, en la Antonio Maceo
montaron una experiencia en la cosecha de frijoles que, dada la
técnica empleada, paga en unos meses la inversión total.
Paso al agro suburbano
Las fincas de frutales integrales con policultivo se incluyen en
la agricultura suburbana ubicada alrededor de los pueblos. Estas
crean condiciones para llevar sus productos, sin escalones
intermedios, a los puntos de venta y evitar los daños que generan su
acopio y trasiego.
Otra de las misiones de esas cooperativas es garantizar el
suministro de frutas frescas y de calidad hacia diferentes destinos
y tributar los excedentes a la industria para su proceso y envase.
Una hectárea de frutales con la aplicación del policultivo ahorra
tres veces los recursos que hace dos décadas se dedicaban al fomento
de igual área. La diferencia radica en que al estar más ocupadas
esas tierras la explotación de los insumos se multiplica.
Este sistema, que tiene en la tracción animal un aliado poderoso
y económico, estimula al hombre, lo vincula al área, gana por los
resultados e incrementa notablemente sus ingresos. Al tener siempre
algo en cosecha el personal cobra todos los meses sin esperar al
balance económico anual.
El Segundo Secretario del Partido los visitó de nuevo el pasado
14 de noviembre. Del nuevo diálogo con Raúl surgieron otras
sugerencias e indicaciones, entre ellas producir flores que serán
comercializadas en un local de Bejucal arrendado a los que allí
laboran. Además habrá una instalación experimental para garantizarle
al turismo las rosas de importación; algo parecido se hará con
vegetales que hoy se traen del exterior e intercalar café robusto,
para el balance nacional, en "calles" que ocupan durante siete años
o más algunos cultivos de ciclos corto y mediano.
Este movimiento tiene premisas muy definidas: aumentar la
producción de frutas y contribuir a que en la red de mercados
disminuyan los precios.
Cuando la creación de viveros era penada por no aparecer en su
objeto social, esta CCS fue la primera del país, "casi a
escondidas", en organizar uno que sustentara sus planes de
desarrollo y diversificación. Aquella riesgosa decisión, además de
satisfacer sus demandas en semilla, la convirtió en proveedora y
referencia obligada en este frente.
Precisa Lázaro Hernández que todo lo orientado por el Segundo
Secretario del Partido es factible si al esfuerzo y la consagración
de los hombres se une el estricto uso de los recursos contenidos en
el llamado "paquete tecnológico".
Respuestas como esta y las que vendrán, afirman los
cooperativistas de la Antonio Maceo, son las que necesita el
Proyecto de Lineamientos de la Política Económica y Social.
O sea, ir más allá de las palabras y las consignas.
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El aliento
personal de Raúl
En su más reciente encuentro con
estos destacados cooperativistas Raúl escribió en el libro del
pequeño rincón histórico de la CCS, antes de marcharse, este
alentador mensaje:
Durante esta nueva visita a la cooperativa de Crédito y
Servicios Antonio Maceo, me confirmó una vez más que el día que
logremos desplegar en todo el país la Agricultura Suburbana, de
la cual esta CCS es la pionera, los problemas fundamentales de
alimentos y frutales de Cuba estarán resueltos. Felicitamos a
Lázaro Hernández y a todos sus compañeros.
Raúl Castro Ruz |
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