Mucho acierto hubo al comenzar con poesía suya, desde la voz de
los poetas Miguel Barnet, presidente de la UNEAC; Nancy Morejón y
Guillermo Rodríguez Rivera, el homenaje que por el centenario del
prestigioso intelectual Ángel Augier tuvo lugar ayer en la capital a
cargo de la Fundación Nicolás Guillén, con la presencia de Abel
Prieto, miembro del Buró Político y ministro de Cultura.
El rostro en el espejo, Elegía de fuego y nieve y
Borrador de un discurso en elogio de alguien, fueron los poemas
que, leídos con la conmoción y la alegría propias de quienes asisten
a la primera centuria de un amigo inextinguible, dieron paso a la
visión que de este infatigable revolucionario, fundador del Partido,
militante entrañable, investigador pertinaz, periodista completo y
poeta de versos y de acción —si se toma en cuenta la belleza de sus
nobles faenas— fue y seguirá siendo, por el valor imperecedero de su
obra, este extraordinario ser humano que honra con su vida y su
pensamiento a la cultura cubana.
Como investigador lo recordó Nuria Gregory, directora del
Instituto de Literatura y Lingüística, quien destacó el afán
laborioso de Augier aun en la ancianidad; como periodista, fundador
de Prensa Latina, fue abordado por los colegas suyos Miriam
Rodríguez Betancourt, Ricardo Hernández Otero y Gabriel Molina,
quien desde la anécdota oportuna trajo de vuelta muchas de sus
virtudes profesionales como excelente reportero, editorialista,
editor, ensayista, comentarista y cronista.
La obra lírica del poeta cubano que más ha vivido —pues su
existencia "física" se prolongó hasta los 99 años de edad— fue
valorada por los especialistas Virgilio López Lemus, Yanelis Velazco
y Jesús David Curbelo. Hubo espacio, además, para presentar Ángel
Augier, cartas de viaje, título que con el sello de Letras
Cubanas recoge la correspondencia sostenida con su esposa, Corina
Calderón Nájera, entre 1952 y 1955, cuando debido a una misión de
trabajo e instrucción, se ausentó del país.
Luis Carbonell, gloria de la cultura cubana, sumó su voz al
homenaje que le profesaron familiares y amigos a este intelectual,
biógrafo imprescindible de Nicolás Guillén, y eternamente vivo en el
recuerdo; poeta cuya obra multifacética y ejemplar deberá ser
estudiada por las nuevas generaciones.