[¼ ] hay que estar consciente de que
cada aumento de salario que se apruebe o precio que se establezca
debe corresponder con las posibilidades de la economía.
De lo contrario, simplemente aumenta el dinero circulante, suben
los precios de manera automática y no hay aumento real del poder
adquisitivo. Estas no son cuestiones que se resuelvan con un
decreto. En nuestro caso son aún más complejas porque la Revolución
no aplica las llamadas "terapias de choque" —que ya empezamos a ver
en todos los continentes en estos momentos—, que no son más que
cargar sobre el pueblo todas las consecuencias de la crisis. Además
subsisten vicios en la mente de cuadros y trabajadores como la
indisciplina o la tolerancia ante ella, con incidencia directa en la
productividad y la eficiencia.
Que el trabajador se sienta dueño de los medios de producción, no
depende solo de explicaciones teóricas —en eso llevamos como 48
años— ni de que su opinión se tenga en cuenta en la actividad
laboral. Es muy importante que sus ingresos se correspondan con el
aporte personal y el cumplimiento por el centro de trabajo del
objeto social para el que se constituyó, es decir, alcanzar la
producción o la oferta de servicios que tiene establecido.
En resumen, que cada cual reciba según su trabajo, y para ello
deben cumplirse las siguientes premisas insoslayables:
Primero, que ese trabajo realmente aporte lo que todos después
demandan recibir.
Segundo, orden, control y rigurosa exigencia que aseguren
eficiencia, ahorro y eviten robos o desvíos de recursos.
Tercero, eliminar las gratuidades indebidas y el exceso de
subsidios.
Cuarto, un adecuado sistema de impuestos y contribuciones, de
forma que todos aportemos al sostenimiento de servicios que se
brindan gratuitamente o a precios fuertemente subsidiados, y a
financiar actividades como la defensa, la seguridad y el orden
interior, la administración pública y otras muchas imprescindibles
para el funcionamiento de cualquier país.
[¼ ] Socialismo significa justicia
social e igualdad, pero igualdad de derechos, de oportunidades, no
de ingresos. Igualdad no es igualitarismo. Este, en última
instancia, es también una forma de explotación: la del buen
trabajador por el que no lo es, o peor aún, por el vago.