El Ballet Nacional de Cuba y su directora, la prima ballerina
assoluta Alicia Alonso, se despidieron del público napolitano
dejando tras sí una estela de admiración y respeto artístico.
Alonso retornaba al teatro San Carlo, tras una ausencia de casi
30 años, durante los cuales su huella se mantuvo intacta.
Su debut en esta sala, en 1953 -en pleno despegue de su carrera
con el American Ballet Teatro- y su visita en 1981 cuando ya era una
de la forjadoras de la escuela cubana y de la compañía de danza
clásica de la isla, permanecía aquí como un recuerdo imborrable,
reporta Prensa Latina.
En 1981 vino a montar su versión de Giselle para el San Carlo,
una obra que rescató del olvido en que yacía y a la que renovó
impregnándole un aire moderno, devolviéndole a la par los detalles
de estilo que identificaron al movimiento romántico: torso
ligeramente adelantado, port de bras redondeados, leve inclinación
del cuello, entre otros.
La breve temporada ofrecida ahora incluyó versiones y
recreaciones coreográficas suyas como Las sílfides y Dido
abandonada, que trajo a los italianos el aroma de uno de sus
artistas más notables, Gaspero Angiolini, a partir de su obra
homónima, cuya música y libreto son también de su autoría.
La crítica elogió las presentaciones del BNC, en las que destacó
Elegía para un joven, Fabio di Celmo in Memorian, inspirada en la
vida del joven italiano víctima de uno de los actos terroristas
perpretados contra la isla.
Desde su primera entrada al San Carlo, Alonso recibió el tributo
unánime del público, volcado luego en el homenaje rendido a su
leyenda como una de las grandes bailarinas que marcaron para siempre
la historia de la danza.
Al reseñar las funciones, Elisabetta Testa, del diario Roma,
subrayó: "La ovación de pie era toda para ella, la reina de Cuba, el
mito viviente: Alicia Alonso que, digna y orgullosa, con paso
enérgico y gran estilo, saludó y agradeció al público del San Carlo,
al concluir el espectáculo de su compañía, el Ballet Nacional de
Cuba.
"Su retorno a Nápoles, tras treinta largos años ha sido un
verdadero acontecimiento, agregó. No podía ser de otra manera, ella,
ícono de la danza para generaciones enteras ( )".
La especialista tampoco escatimó elogios al BNC, que calificó de
conjunto explosivo, pleno de virtuosismo y cualidades físicas,
belleza de líneas y expresividad.
"Elegía para un joven ( ), comentó, ha puesto en destaque una
sólida presencia masculina subrayando la belleza de la llamada
escuela cubana, en la que sobresalen la elasticidad de los
bailarines y el altísimo nivel de ejecución", mientras calificó la
puesta de Dido abandonada como un triunfo del ballet de grupo.
Al aludir a Las sílfides, resaltó la "gran homogeneidad del
cuerpo de baile, precisión extrema en cada detalle y un bellísimo
derroche de la técnica, en especial de Anette Delgado, Alejandro
Virreyes, Yanela Piñera y Aymara Vasallo".