Marina, la invicta

Cuando se habla de reforestación muchos piensan en los sembradores de árboles y olvidan a los llenadores de bolsas en los viveros

Ortelio González Martínez

LOS NARANJOS, Ciego de Ávila.— A esta mujer, que apellidaron Llanes Muñoz, bien pudieran llamarla Marina, la invicta, epíteto que le viene como anillo al dedo. Y es que en su humilde oficio, llenadora de bolsas en un vivero forestal, no hay otra igual en toda la provincia.

Ya una vez, en una competencia nacional en Sancti Spíritus, demostró que no era segunda en la labor que aprendió hace 28 años, en Los Naranjos, una comunidad avileña del municipio de Ciro Redondo.

Foto del autorMarina ha creado ella sola varios bosques.

Hace unos días, en la lid provincial de llenado de bolsas que inició la campaña de siembra de árboles en el territorio, volvió a demostrar que sigue siendo imbatible: "Sin mucha presión", como ella misma dice, en unas tres horas llenó de tierra 2 142 recipientes de nailon, ¡1 092! por encima de su más cercana perseguidora: Leoncia O’Farril, del municipio de Primero de Enero.

Marina es una mujer elegante, de poco decir; costó trabajo que diera rienda suelta a la confianza y hablara de los secretos de un oficio con maña e importancia, más en medio de la contienda de reforestación que, por esta época del año, comenzó en todo el país.

"Algunos pudieran restarle valor a la actividad, pero es determinante en el fomento de las áreas boscosas. Si no llenamos las bolsas, es imposible sembrar.

"El llenado tiene su técnica. Al principio se me votaba la tierra. Una debe completar el recipiente hasta poco menos de un centímetro de la boca. Para que quede lista le damos tres pequeños golpes en busca del equilibrio, como decimos nosotras.

"No le miento cuando le digo que este oficio me gusta. Es cierto que no es fácil permanecer horas y horas bajo el sol, pero alguien debe realizar las labores del campo, ¿no cree?", precisa en tono inquisitivo.

Comentan en la Empresa Forestal Integral de Ciego de Ávila, que Marina es tan rápida que llena la bolsa antes de abrirla. Cuando otras cumplen la norma, ella hace el doble y más.

Lo corroboran las llenadoras Amada Bosque López y Ana Rosa Pazo García, sus compañeras de labor. "La norma es 1 350 bolsas y ella ha llegado hasta las 6 000 en una jornada. Es muy constante. No hay quien la siga", aseveran.

Marina Llanes Muñoz, la invicta, la que jamás ha perdido una competencia, la que ha sembrado ella solo quién sabe cuántos bosques, se escabulle debajo del sombrero, encoge los hombros y afirma que el día que haya un solo árbol, ella sería la más fiel de las defensoras, pese a que cuando se habla de la reforestación piensen más en los sembradores que en las llenadoras de bolsas en los viveros, labor imprescindible en el fomento de los bosques.

 

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