A
partir del análisis popular del Proyecto de Lineamientos de la
Política Económica y Social del Partido y la Revolución, como asunto
medular del VI Congreso a celebrarse en abril próximo, proponemos
acercarnos a varios aspectos que, a nuestro juicio, pasan por la
esencia del documento que nos convoca.
Primero, es vital precisar que los Lineamientos no son respuestas
a los problemas que tenemos, sino la forma, manera o guía para
resolverlos, basados en la proyección económica del país hasta el
2015, aprobada los días 7 y 8 de mayo pasado por el Consejo de
Ministros.
Es tal la magnitud de esa proyección y de los lineamientos que
solo para implementar el proceso de reducción de plantillas infladas
y la ampliación y flexibilización del trabajo por cuenta propia, fue
necesario modificar 22 normas jurídicas publicadas en la Gaceta
Oficial el día 25 de octubre de este año, en sus números 11, 12 y
13, contentivos de las Disposiciones Generales dictadas por los
Consejos de Estado, de Ministros y su Comité Ejecutivo, así como las
que complementan dichas Disposiciones Generales, por medio de
resoluciones emitidas por los ministerios de Trabajo y Seguridad
Social, Finanzas y Precios, Transporte, Agricultura; del Banco
Central de Cuba y el Instituto Nacional de la Vivienda.
Por tal motivo, el documento que debatiremos cubanas y cubanos,
está montado en esa proyección como línea política para ir
desarrollándola gradualmente.
En consonancia, la propuesta de esa forma de actuar tiene puntos
clave a todo lo largo del texto. Uno de ellos es la planificación,
presente desde el primer lineamiento, cuando se afirma que "en la
actualización del modelo económico cubano primará la planificación y
no el mercado". Y es que al decir de Marino Murillo Jorge,
vicepresidente del Consejo de Ministros y ministro de Economía, "no
hay mejor control que un eficiente cumplimiento del plan de gastos".
Y el compañero Raúl ha afirmado enfáticamente que "el plan es
sagrado".
La planificación nos la encontramos en todas las páginas a
debatir, si no cómo aprobar una inversión sin que ella tenga
prevista su recuperación dentro del mismo sector; cómo pensar en
desatar las fuerzas productivas e incrementar el salario, sin antes
diseñar de dónde, cómo y cuándo sale lo que necesitamos obtener sin
mirar hacia fuera, es decir con nuestros propios recursos. O de qué
manera elevar la productividad del trabajo en esferas vitales como
el transporte, industria, ciencia, agricultura, alimentación, si no
se planifica con Educación la formación de fuerza calificada.
Algunos piensan, por ejemplo, que de la noche a la mañana se
puede resolver todo lo relacionado con el incremento salarial.
menester decir que la proyección de la economía ya mencionada
incluye ese aumento gradual hasta el 2015, porque debemos lograr una
adecuada relación entre productividad del trabajo y salario medio,
hoy en un punto crítico, dado que la primera está por debajo. Es
decir, consumimos lo que no hemos creado todavía.
Es por la necesidad de trabajar óptimamente las ocho horas y
aumentar la producción de bienes materiales, por lo que se planificó
el proceso de disponibilidad y reducción de plantillas infladas, la
flexibilización y ampliación del trabajo por cuenta propia y se
estudia la futura Ley Tributaria, que perseguirá como objetivo
central distribuir más y mejor las riquezas que generamos.
Los lineamientos parten de un desarrollo armónico que permita un
equilibrio tanto externo como interno de nuestra economía.
Ilustremos. ¿Qué hacer si el turismo presta un buen servicio,
eleva los índices de visitantes, incluyendo los repitentes, y
conquista nuevos emisores, si la industria y la agricultura no son
capaces de producir para que ese sector no incurra en gastos por
importaciones? Sencillo, la falta de productividad de ambos, sus
ineficiencias, hacen que la economía traslade deficiencia al
turismo. Es un ejemplo que nos lleva a más gastos, o lo que es lo
mismo: a engordar el desequilibrio. De ahí que los debates en cada
sector deban ajustarse a sus propios problemas y tengan la capacidad
de hacerlo con un enfoque integral de la economía desde cada puesto
de trabajo.
A la población le preocupa, por ejemplo, el tema precio. Su único
regulador es el aumento de bienes y servicios. ¿Qué pasaría si
bajaran por decreto? Aumentaríamos la capacidad adquisitiva de los
que hoy tienen mucho más dinero; no estimularíamos la productividad,
y el pago con arreglo al resultado caería en un precipicio, pues el
salario no jugaría un papel determinante en la aspiración personal;
en consecuencia, un golpe mortal a todas nuestras aspiraciones. Cuba
seguiría siendo el único país en el mundo donde no hace falta
trabajar.
Mucho mejor sería, como plantea la proyección económica y recogen
los lineamientos, incrementar el salario medio por año, para que sea
este, como fruto de la productividad del trabajo de cada individuo,
el que satisfaga las necesidades.
Esa es la regla de oro del socialismo: de cada cual según su
capacidad y a cada cual según su trabajo.
Nada ni nadie, sea quien sea, puede estar por encima de lo
establecido, porque de hacerlo estaría flagelando esta política o,
lo que es lo mismo, irrespetando los recursos y esfuerzos del
pueblo. En este sentido, los cuadros desempeñan el papel más
importante y decisivo, pues la institucionalización se alcanza con
responsabilidad y exigencia. Al que dirige le toca también hacer más
énfasis que nadie en el cumplimiento de lo acordado, él tiene que
ser capaz de decidir, a tenor de estos lineamientos, dónde es más
importante un recurso, es quien tiene que fundamentar una inversión,
además de responsabilizarse con sus resultados, según lo que se
previó para aprobarla. Pero al mismo tiempo tiene que explicar,
argumentar y esclarecer lo que esta política expresa, lo mismo
frente a sus trabajadores que ante los vecinos de la cuadra.
Pero lo más importante de los debates pasa por toda la
información posible que podamos dar y explicar bien, escuchar a
todos; aplicar ese proverbio de la sabiduría china que dice Si
escuchas a las partes, se hará la luz; si escuchas a una sola,
permanecerás en las tinieblas.
Hay mucha sabiduría en nuestro pueblo y también mucho compromiso.
No olvidemos en ningún momento que desde el 17 de noviembre del
2005, cuando el Comandante en Jefe nos convocó a pensar en nuestras
deficiencias como única posibilidad de reversibilidad de nuestra
Revolución, hemos mantenido una línea vertical en ese pensamiento;
recordemos los más de cuatro millones de cubanos que hicieron más de
un millón de planteamientos tras el discurso del General de
Ejército, el 26 de julio del 2007, en Camagüey, los cuales, además,
están presentes también, tanto en la proyección económica, como en
estos lineamientos.
Hoy esa misma dirección da una muestra más de cuánto confía en
nosotros, preparémonos entonces para junto a ella, hacer realidad
las palabras del principio rector de este documento "el que decide
es el pueblo".