Leonel Fernández, presidente de la República, estuvo presente en
la gala inaugural que vio desfilar por el escenario a tres
excelentes actores, especialmente invitados: Claudia Cardinale,
Victoria Abril y Benicio del Toro.
Euforias, recuerdos fílmicos proyectados en pantalla, desde El
gatopardo, con la Cardinale junto a Alain Delon, hasta el más
reciente Che, de Benicio del Toro, pero la nota alta estuvo
en un homenaje al crítico de cine y escritor Arturo Rodríguez,
fallecido hace unos meses y a quien está dedicado el IV Festival del
cine Global, que cada año se consolida en el área del Caribe.
No es gratuito que un evento que tiene por divisa presentar
películas de elevada calidad dentro de la máxima "temas globales,
historias personales", esté dedicado a un crítico de cine. Durante
muchos años, Arturo Rodríguez trabajó por la difusión y defensa de
una cinematografía internacional de altos valores culturales y
estéticos dentro de una cartelera nacional dominada, en gran medida,
por el cine comercial norteamericano.
Lucha de titanes, pero el tesón de Arturo tiene hoy frutos
evidentes en una audiencia que durante la semana que dura el
Festival acude a las salas del país sabiendo que se encontrará con
el cine propugnado por el maestro.
Momento significativo de la gala inaugural lo marcó Benicio del
Toro al referirse, en eufóricas palabras, a lo mucho que se espera
de la Ley de Cine aprobada en el país, tras un proceso legislativo
de cinco años. Un viejo sueño de los cineastas dominicanos que fue
ampliamente aplaudido.
En cuanto al filme de la gala inaugural, Rodrigo García (a quien
ya no hace falta decirle que es hijo de Gabriel García Márquez para
promoverlo) demuestra su consolidación en una temática bien conocida
en nuestro país: el mundo interior de las mujeres. Madre e hija,
protagonizada por Annete Bening, Naomi Watts y Kerry Washington, es
un profundo drama acerca de la maternidad y los hijos dados en
adopción y luego buscados desesperadamente. Una historia circular en
la que Rodrigo García construye personajes coherentes dentro de una
trama que se asoma a un tema sobado en melodramas telenoveleros,
pero que nada tiene que ver con ellos.
Como siempre, una excelente dirección de actores y una urdimbre
del conflicto tensada justo hasta un final que, aun siendo
discutible, clasifica en el complicado terreno de lo verosímil.