A principios de 1960, apenas tres meses después de graduados, más
de 300 médicos partían a cumplir el Servicio Rural con una mochila
al hombro, un estetoscopio, unos pocos instrumentos quirúrgicos y
los medicamentos elementales que cada cual se pudo agenciar. Ellos
respondían así a los reclamos, surgidos en las asambleas de los
estudiantes de Medicina, de ponerse en primera fila para comenzar a
ofrecer solución a las adversas condiciones sanitarias
prevalecientes.
Las imágenes televisivas que vemos hoy cotidianamente de nuestros
médicos internacionalistas prestando asistencia en los más apartados
rincones del planeta, son expresión de continuidad de la vocación
solidaria y humanista de aquellos médicos que partieron a los
lugares más inhóspitos de su Patria.
Con
Fidel abriendo la marcha, 400 médicos y 26 estomatólogos ascendieron
al Turquino para recibir sus títulos.
Estos enunciados, quizás no tan conocidos por las nuevas
generaciones, sirven de antecedente necesario para recordar, este 14
de noviembre, el 45 aniversario de la graduación de 400 médicos y 26
estomatólogos, realizada en el Pico Cuba, en la Sierra Maestra.
Habían partido desde Vegas de Jibacoa, con el líder de la Revolución
al frente de la marcha, transcurrida en largas y agotadoras jornadas
de ascenso hasta llegar a lo más alto del Turquino.
"Un momento como hoy es de triunfo de nuestra Medicina, para
nuestra Universidad, y es un orgullo pertenecer a la generación que
en el día de hoy se gradúa", dijo Fidel en su discurso. Y por el
propio ámbito de la graduación —un cielo azul servía de techo al
escenario imponente de cimas y laderas cubiertas de vegetación—
cualquier observador podía advertir que la Patria transitaba por
caminos diferentes.
Esos aires de los "nuevos tiempos", escritos ya en los anales de
nuestra Historia, se apreciaban también en el Juramento de los
médicos y estomatólogos graduados en el Turquino, donde se
manifestaba la renuncia expresa del ejercicio privado de la
profesión y, asimismo, la extensión a dos años o más del servicio
médico rural, la vigencia del espíritu de superación científica, el
impulso de la medicina y la estomatología preventivas, y el
cumplimiento de los altos principios del internacionalismo, crecidos
en estos 50 años de Revolución.
"Cuando repasamos nuestro Juramento —dice ahora a Granma
uno de aquellos graduados, el doctor Carlos Castañeda Guillot—
vemos, orgullosos, cómo hemos cumplido nuestro compromiso de ser
profesionales del pueblo y para el pueblo, defendiendo la Revolución
incluso al precio de nuestras vidas".
Numerosos médicos y estomatólogos de esta histórica graduación
han respondido a la convocatoria de la efeméride, que celebrarán
este sábado en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), donde
develarán una tarja in memoriam a sus compañeros caídos en el
cumplimiento de misiones internacionalistas: los doctores Miguel
Zerquera Palacios, en Guinea-Bissau; Martín Chang Puga y Raúl Currás
Regalado, durante una misión en Angola y Pedro Borrás Astorga,
defendiendo el socialismo en las arenas de Playa Girón siendo aún
estudiante de Medicina de ese curso.
Ellos —asegura Castañeda— constituyen nuestro preciado paradigma
y el mayor orgullo de nuestra promoción. Continuaremos siempre
cuesta arriba, como nos pidió Fidel en el Turquino.