Aniversario 45 de la promoción médica y estomatológica del Turquino

Siguen cuesta arriba

JOSÉ A. DE LA OSA
delaosa@granma.cip.cu

La simiente de lo que con el decursar se convertiría en un sólido desarrollo asistencial de la salud pública cubana, está en un texto fundador de la historiografía contemporánea: La Historia me Absolverá y, también, en la sensibilidad herida de los guerrilleros de nuestra última contienda por la independencia, al entrar en contacto con seres humanos en total desamparo.

“Un momento como hoy es de triunfo de nuestra Medicina”.

A principios de 1960, apenas tres meses después de graduados, más de 300 médicos partían a cumplir el Servicio Rural con una mochila al hombro, un estetoscopio, unos pocos instrumentos quirúrgicos y los medicamentos elementales que cada cual se pudo agenciar. Ellos respondían así a los reclamos, surgidos en las asambleas de los estudiantes de Medicina, de ponerse en primera fila para comenzar a ofrecer solución a las adversas condiciones sanitarias prevalecientes.

Las imágenes televisivas que vemos hoy cotidianamente de nuestros médicos internacionalistas prestando asistencia en los más apartados rincones del planeta, son expresión de continuidad de la vocación solidaria y humanista de aquellos médicos que partieron a los lugares más inhóspitos de su Patria.

Con Fidel abriendo la marcha, 400 médicos y 26 estomatólogos ascendieron al Turquino para recibir sus títulos.

Estos enunciados, quizás no tan conocidos por las nuevas generaciones, sirven de antecedente necesario para recordar, este 14 de noviembre, el 45 aniversario de la graduación de 400 médicos y 26 estomatólogos, realizada en el Pico Cuba, en la Sierra Maestra. Habían partido desde Vegas de Jibacoa, con el líder de la Revolución al frente de la marcha, transcurrida en largas y agotadoras jornadas de ascenso hasta llegar a lo más alto del Turquino.

"Un momento como hoy es de triunfo de nuestra Medicina, para nuestra Universidad, y es un orgullo pertenecer a la generación que en el día de hoy se gradúa", dijo Fidel en su discurso. Y por el propio ámbito de la graduación —un cielo azul servía de techo al escenario imponente de cimas y laderas cubiertas de vegetación— cualquier observador podía advertir que la Patria transitaba por caminos diferentes.

Esos aires de los "nuevos tiempos", escritos ya en los anales de nuestra Historia, se apreciaban también en el Juramento de los médicos y estomatólogos graduados en el Turquino, donde se manifestaba la renuncia expresa del ejercicio privado de la profesión y, asimismo, la extensión a dos años o más del servicio médico rural, la vigencia del espíritu de superación científica, el impulso de la medicina y la estomatología preventivas, y el cumplimiento de los altos principios del internacionalismo, crecidos en estos 50 años de Revolución.

"Cuando repasamos nuestro Juramento —dice ahora a Granma uno de aquellos graduados, el doctor Carlos Castañeda Guillot— vemos, orgullosos, cómo hemos cumplido nuestro compromiso de ser profesionales del pueblo y para el pueblo, defendiendo la Revolución incluso al precio de nuestras vidas".

Numerosos médicos y estomatólogos de esta histórica graduación han respondido a la convocatoria de la efeméride, que celebrarán este sábado en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), donde develarán una tarja in memoriam a sus compañeros caídos en el cumplimiento de misiones internacionalistas: los doctores Miguel Zerquera Palacios, en Guinea-Bissau; Martín Chang Puga y Raúl Currás Regalado, durante una misión en Angola y Pedro Borrás Astorga, defendiendo el socialismo en las arenas de Playa Girón siendo aún estudiante de Medicina de ese curso.

Ellos —asegura Castañeda— constituyen nuestro preciado paradigma y el mayor orgullo de nuestra promoción. Continuaremos siempre cuesta arriba, como nos pidió Fidel en el Turquino.

 

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