La hora mágica de Pedro Bittencourt

MICHEL HERNÁNDEZ
michelher@granma.cip.cu

Segundas partes nunca fueron buenas, dice el proverbio; pero la nueva presentación del saxofonista brasileño Pedro Bittencourt en Cuba, no respondió a ese conocido dicho del refranero popular.

Foto: Yander ZamoraEl intérprete, que ha tocado en diferentes escenarios de Europa y América Latina, ofreció esta semana un concierto en el Museo Nacional de Bellas Artes, con el que imbricó los lenguajes del saxofón y las múltiples posibilidades de la tecnología, demostrando que conoce uno de los secretos mejor guardados de la música electroacústica: la capacidad de delinear un mosaico de originales paisajes sonoros y despertar emociones en los espectadores, a partir de la articulación de los lenguajes del hombre y las máquinas.

El bautismo cubano del artista brasileño, oriundo de Río de Janeiro, había sido durante el pasado Festival Internacional Primavera en La Habana. Ahora regresó a la capital para cumplir con otro capítulo de la Temporada de Conciertos 2010 del Laboratorio Nacional de Música Electroacústica (LNME), la cual, por cierto, ha brindado la posibilidad de apreciar de primera mano las actuales rutas creativas tanto de músicos de la Isla como de otras regiones del mundo, entre ellos los locales D¢ joy de Cuba, Rá, e Iván Lejardi y los alemanes Maral Salmassi y Zero Cash.

El brasileño pergeñó, con técnica y sensibilidad, una mezcla de atmósferas melódicas extraídas de cuatro obras de compositores de Latinoamérica y España. De su interpretación resaltó, sobre todo, su habilidad para asumir la experiencia musical como un laboratorio de ideas, y hacer confluir sus intereses estéticos con la complejidad de las piezas seleccionadas para su ejercicio musical.

De ese modo supo captar, con licencias del jazz, imaginación y variedad en las instrumentaciones, la hondura y las premisas rítmicas de Multiple Reeds, del compositor brasileño Rodrigo Cicchelli; la fuerza expresiva y los alegóricos ambientes de ensoñación de Bucólica, del cubano Héctor Angulo; la complejidad estructural de La hora mágica, del argentino Daniel Quaranta, y la sugerente simbiosis sonora de Reflux, de la española Ariadna Alsina Tarres.

Bittencourt, de 35 años y candidato a doctor en Música, consiguió licenciarse con honores en este concierto que le permitió, entre otras cosas, relanzar sus horizontes creativos, y ofrecer una relectura de la invalorable complicidad entre la música y la tecnología.

 

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