Con la Prima Ballerina Assoluta Alicia Alonso escoltada por los
cubanos de rango internacional Carlos Acosta y José Manuel Carreño,
concluyó anoche el XXII Festival Internacional de Ballet de La
Habana.
Al concluir la gala de clausura, la directora del Ballet Nacional
de Cuba (BNC) se adelantó para agradecer una larga ovación que
rindió honor a sus 90 años de vida dedicada a su patria, y a lo
histórica que resultó esta edición de uno de los festivales más
prestigiosos y con mayor poder de convocatoria del mundo, reporta la
AIN.
La función en el Gran Teatro de La Habana se distinguió por la
variedad y excelencia de las 12 coreografías presentadas y por la
suprema calidad de los intérpretes cubanos y extranjeros, quienes
trajeron a esta fiesta su arte desde sitios como Londres, Nueva York,
Buenos Aires, Berlín i Madrid.
Entre las personalidades que acudieron a este cierre de gran lujo
figuraron Abel Prieto, ministro de Cultura; Alfredo Guevara,
presidente del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana,
el poeta Pablo Armando Fernández, y esa gloria de la cultura cubana
que es Luis Carbonell.
Uno de los momentos estelares de la velada fue el solo Two, a
cargo de Acosta, primer bailarín invitado del Royal Ballet de
Londres, quien se distinguió por una viril y poética plasticidad,
acentuada por luces cenitales que modelaron su torso desnudo como un
viva estatua clásica que en escena derrochó una singular imagen de
sus hombros, omóplatos y brazos.
Carreño también hizo disfrutar a un público enardecido con otro
solo, Sinatra Suite, una elegante coreografía realzada por la voz
del divo de la canción estadounidense.
Otro solo, esta vez por Javier Torres, primer bailarín del BNC,
puso otra nota de vibrante poesía a la noche con imágenes puras y de
gran fuerza que hicieron de la miniatura coreográfica que presentó,
una interpretación de excepción.
También hay que agradecer las reposiciones de dos clásicos del
repertorio del BNC: el Grand Pas de Quatre, coreografía de Alicia, y
que las Cuatro Joyas del BNC bailaron en su época de forma
inigualable, pero, esta vez, asumido por otra prometedora generación
de jóvenes bailarinas; y Canto vital, de Azari Plisetski, por un
elenco masculino bisoño pero efectivo.
Entre las visitantes descolló la española Tamara Rojo, del Royal
Ballet de Londres, quien en Cinco valses de Brahms a la manera de
Isadora Duncan, trajo a la escena habanera el espíritu de esa mítica
bailarina de principios del siglo XX, con un tan personal lirismo
que a todos deslumbró.
Por su bravura y gracilidad, se ganaron el favor del público
Roberta Márquez y Steven McRae, del Royal Ballet de Londres, quienes
desplegaron una difícil e impecable técnica como si se tratara de lo
más natural del mundo, en el pas de deux de La bella durmiente del
bosque.
Las estrellas del Ballet Estable del Teatro Colón, de Argentina,
Nadia Muzyca y Juan Pablo Ledo, pusieron en alto el prestigio de esa
institución con Encuentro, una coreografía de Lidia Segni con música
del inmortal Astor Piazzola, cuyas fintas y sensualidad, elevaron a
gran arte.
Otro punto clímax resultó Doble sentir, coreografía de Antonio El
Pipa, bailada por él mismo, quien con maestría nos recordó lo mucho
que la cultura cubana debe a España y especialmente al ancestral y
desgarrado flamenco.
La gala cerró con una verdadera joya, el estreno en Cuba de
fragmentos de Samsara, pieza del bailarín y coreógrafo español
Víctor Ullate con músicas étnicas de Egipto, Irán, India, Nepal,
China y Japón, que con la vitalidad de la percusión y la acertada
interpretación del BNC, dejó el ánimo dispuesto para la próxima
cita, dentro de dos años, de esta fiesta universal del ballet.