La
danza está íntimamente relacionada con el resto de las artes y,
durante los Festivales Internacionales de Ballet de La Habana, se
hace realidad esta amistad sobre las tablas. La literatura es una de
ellas. Por tal motivo, y en ocasión del centenario del natalicio del
gran intelectual cubano, una noche se le dedicó a José Lezama Lima.
Como una premonición, las notas escritas al margen de una hoja de
papel por el autor de Paradiso hacia 1972, y publicadas en el
programa de su Gala cobraron vida esa noche porque, como él soñaba,
logró "bailar el silencio y la música estelar". Dos estrenos
mundiales coreografiados por Alicia Alonso vieron la luz: Muerte
de Narciso inspirado en el poema homónimo que contrariamente a
lo que sucede al bello adolescente en el mito clásico, Alicia lo
recreó en el universo lezamiano: no se lanza al agua sino que se
fuga de la realidad, trasciende¼ En
escasos minutos, con música de Julián Orbón —quien perteneció al
grupo Orígenes creado por Lezama—, un vocabulario minimal, una
escenografía de espejos a la orilla de un río, y el hermoso telón
frontal realizado por el artista de la plástica José Luis Fariñas,
junto con los diseños de Ricardo Reymena, transcurre la entrega que
se interna en las interioridades del ser humano, muy bien bailada
por el juvenil Yanier Gómez.
El otro estreno: La noche del eclipse, un hermoso y lírico
pas de deux que evoca el amor entre dos jóvenes poetas
cubanos del siglo XIX: Juana Borrero/Carlos Pío Urbach, quien murió
en la manigua combatiendo con los mambises. Anette Delgado y Yadil
Suárez fueron los felices portadores de esta pequeña joya
coreográfica que "retrata" en el movimiento el primer encuentro de
ambos en una noche de eclipse¼
Habanera suite, de Ramón Oller, constituyó el tercer estreno
mundial de la noche. Un trabajo refrescante, con puntos a favor en
la excelente música seleccionada (Liuba María Hevia, Marina Rossel,
Carlos Cano y Steve Reich) que colorea el ambiente, donde se mueven
los bailarines del BNC en otro estilo, el contemporáneo, demostrando
que lo clásico es columna vertebral para lograr el resto, y el
regreso a la escena de una de las grandes de la danza cubana: María
Elena Llorente, quien dejó una estela de maestría y buen hacer. Muy
bien Anette Delgado/Alejandro Virelles, Verónica Corveas y Jessie
Domínguez. El conocido autor español, quien ha marcado otras huellas
anteriores con la compañía cubana como Una flor, una flor, el
pasado Festival, acercó esta pieza sin argumento, que tiene como
talón de Aquiles el tiempo, que se excede, y por momentos se
reiteran los movimientos privándola de un sostenido aliento
creativo. En esta jornada brilló particularmente Vladimir Malakhov
(del Ballet de la Opera de Berlín) con una versión de La muerte
del cisne, de Mauro de Candia, donde el bailarín ofreció, con
gran pureza de movimientos, una eficaz combinación de pericia
técnica y sensibilidad interpretativa.
El paso firme y desbordante de estilo y baile de Bárbara García
al lado de Javier Torres —ha estado a muy buen nivel en todo lo
representado también—, se sumó ahora en Desnuda luz del amor,
coreografía de Alicia Alonso, como otra hermosa imagen del Festival
desbordante de expresividad e interpretación. Apolo, la
siempre agradecida pieza de George Balanchine había abierto la
noche, pero a pesar de los buenos intérpretes que pusieron la piel
en los personajes careció de intensidad para llegar al auditorio
como nos tiene acostumbrados.
¼ Un Lago de los cisnes para el
recuerdo protagonizó Viengsay Valdés la tarde del sábado en el
teatro Karl Marx. Un nivel de actuación de alto vuelo creativo, un
baile inteligente y mesurado fueron signos evidentes de una madurez
interpretativa que fue altamente ovacionada en el coliseo. En
general, el clásico estuvo muy bien bailado por los solistas y
cuerpo de baile¼ Calurosamente fueron
recibidas las coreografías ganadoras del VII Certamen Iberoamericano
de Coreografía Alicia Alonso 2010: Espectral, de
Maysabel Pintado (Cuba) y Entomo, de Elías Aguirre/Alvaro
Esteban (España), cuyo estreno mundial ocurrió el sábado en la sala
García Lorca del GTH. Un vocabulario original y contemporáneo, la
primera, y un desbordante campo de creatividad que desató una de las
más fuertes ovaciones del Festival, la segunda, constituyeron estos
momentos de pura danza¼ ¡Excelente! el
Chaikovski pas de deux de Paloma Herrera y David Hallberg
(American Ballet Theater), y el dúo de Sarah Lane y José Manuel
Carreño, también del ABT, en Sinatra suite, esa misma noche¼