|
|
|
Uliánova, Taglioni y el espíritu de Bocaccio
Toni Piñera
A
una brillante personalidad de la danza, cuyo nombre se encuentra de
lleno inmerso en la historia por haber sido una prima ballerina
assoluta incluida entre las mejores a escala universal, Galina
Uliánova, el 22 Festival Internacional de Ballet de La Habana,
dedicó una Gala en la sala García Lorca del Gran Teatro de La
Habana, en ocasión del centenario de su natalicio.
De la noche, un momento culminante fue, sin lugar a dudas, el
toque de lirismo y buen gusto aportado por el binomio Bárbara
García/Javier Torres en Las intermitencias del corazón, pas
de deux firmado por Roland Petit. Interpretación y estilo,
sincronización en los movimientos, y plasticidad, siguieron en
armonía las notas musicales de Camille Saint-Saens para recrear este
juego visual donde transpira la inspiración de su creador. Por estos
caminos desandaron también Steven McRae, quien ataviado como
coreógrafo e intérprete acercó Something different, a ritmo
del tap siguiendo la música de Benny Goodman (Sing sing sing).
Un solo breve, dinámico que el artista, una de las primeras figuras
del Royal Ballet de Londres, bailó con fluidez y brío para acaparar
fuertes aplausos de un público que quedó deseoso de prolongar los
breves instantes de su paso por la escena. Y, Erina Takahashi —del
English National Ballet— en Non, rien de rien, de Ben Van
Cauwemberch, con música de Charles Dumont y la voz de Edith Piaf.
Fue expresión corporal puesta al servicio de ideas rectoras que
calaron profundamente en la intérprete para llegar palpitante a
nosotros.
La
obra de la De Mille recreó un cuento de Bocaccio.
El toque de humor y colorido lo aportó en la noche Tres
vírgenes y un diablo, una coreografía de Agnes de Mille que
llegó a manera de estreno por el BNC. Bailada por primera vez en
Londres (1934) narra, con libreto de Ramón Reed, a partir de un
relato de Bocaccio, y de forma humorística, la situación de tres
jóvenes novicias que se encuentran con el diablo, quien jugando con
sus debilidades las induce al infierno. Las dotes histriónicas de
artistas como Ernesto Díaz (rayano en la perfección como el Diablo)
e Ivette González salieron a flote secundadas muy bien por Ivis
Díaz, Grettel Morejón y Jorge Villazón (un joven).
Sadaise Arencibia y Alejandro Virelles, aunaron sus condiciones y
dotes para regalar un instante de alto vuelo lírico en la hermosa
pieza En las sombras de un vals, de Alicia Alonso, junto con
el cuerpo de baile.
Agradable fue el estreno mundial de Le Papillon, un
trabajo coreográfico de Peter Quanz utilizando música de Jacques
Offenbach, y diseños de escenografía/vestuario de Salvador
Fernández. Una pieza breve, nostálgica, casi como un soplo, de esas
que pasan por las tablas con el atractivo sabor que tienen las cosas
realizadas con lo justo en tiempo y forma, y donde los bailarines
del BNC supieron interiorizar los códigos de su creador. Le
Papillon resulta la única pieza coreografiada por Marie Taglioni,
que ella creó expresamente para su alumna Emma Livry. La actual
versión, según explica el coreógrafo en el programa, no tiene
conexión con el libreto original, pero se centra en la relación
entre la Taglioni y Emma Livry. En su momento, Taglioni inspiró a
las nuevas generaciones de bailarines, igual que Alicia ha abierto
su corazón a los artistas cubanos y de todo el mundo, sentenció.
Tanto Viengsay Valdés (Emma), como Eliler Bourzac (muchacho), se
identificaron técnica e interpretativamente con los personajes, y la
juvenil Carolina García destacó en su excelente desempeño como Marie
Taglioni. |
|
|