El
martes próximo, cuando se celebran las elecciones de "medio término"
del mandato de Barack Obama, los demócratas del presidente de
Estados Unidos pondrán en juego las mayorías que hasta ahora
disfrutan en ambas cámaras del parlamento y, con ellas, la llave
para hacer avanzar las prioridades de su agenda política.
La mayoría de los analistas y las empresas encuestadoras
coinciden en señalar que la oposición republicana se está dirigiendo
a una clara victoria que les dará la mayoría en la cámara de
diputados y el poder de arruinar el control que los demócratas
ejercen en el Senado.
En los comicios del martes se vota para renovar los 435 escaños
de la cámara de diputados y 37 de las 100 bancas de la cámara alta.
También se eligen 37 gobernadores, pero los resultados de los
comicios para elegir los jefes de los ejecutivos estaduales no
tendrán tanto impacto en el destino de la Casa Blanca como aquellos
del voto para el parlamento.
Hasta ahora, los demócratas cuentan con una cómoda mayoría de 255
bancas contra 178 de los republicanos en la cámara baja. Si la
oposición consigue el "número mágico" de una ganancia de 39 escaños
el 2 de noviembre, el nuevo Congreso que se reunirá en enero próximo
ya estará en condiciones de ejercer diferentes presiones sobre la
administración Obama.
Según el Iowa Electronic Markets, una herramienta de pronósticos
de mercados a futuro que la Universidad de Iowa gestiona en base a
resultados del escenario político, los republicanos cuentan con un
88,8% de posibilidades de quedarse con la mayoría en la cámara de
diputados, mientras que el Cook Political Report aseguró que los
demócratas están en peligro de perder entre 48 y 60 bancas en la
cámara baja, bien por encima de los 39 que necesita la oposición.
Por su lado, el sitio de internet RealClearPolitics.com (RCP),
que prepara promedios de las encuestas nacionales y estaduales, al
día de hoy señalaba que esos sondeos ponen a los republicanos con ya
224 escaños en el bolsillo, a los demócratas con apenas 171 y otros
40 todavía en disputa.
No por nada los republicanos hablan ya de "un tsunami" de
victorias el martes.
En cuanto al Senado, los demócratas gozan hasta ahora de una
mayoría de 57 legisladores propios más dos independientes que
habitualmente votan junto al bloque. Cuando necesitan la mayoría de
60 votos para bloquear el obstruccionismo republicano, a menudo
cuentan con el apoyo de algunos senadores opositores moderados, como
Olympia Snowe y Susan Collins, ambas de Maine.
Pero las encuestas indican que ese control demócrata se
desvanecerá el martes, cuando los republicanos podrían recoger entre
cinco y siete bancas nuevas, insuficientes para obtener una mayoría,
pero que servirán para ejercer sin problemas mecanismos de
obstrucción de los debates que hagan naufragar los proyectos
demócratas.
Los dirigentes republicanos ya advirtieron que, cuando se vuelva
a reunir el Congreso, harán todo lo posible para revertir varios de
los principales logros del gobierno de Obama, como la reforma del
sistema de seguro de la salud y la ley de controles sobre las
operaciones de Wall Street.
Si no pueden anular las leyes por completo, adelantaron, lo harán
"por partes", buscando eliminar distintas provisiones de ambas
nuevas normativas.
Y se prevé que los republicanos se opondrán a cualquier intento
de la Casa Blanca de avanzar con la reforma migratoria o la ley de
"energía limpia", dos de los principales proyectos que quedaron en
el tintero de Obama.