Los augures políticos más severos consideran que el Partido
Demócrata perderá la mayoría de escaños conquistada en el 2008 en la
Cámara de Representantes y hasta la del Senado y, en consecuencia,
el presidente Obama perderá la capacidad de imponer su agenda
legislativa en la parte segunda y final de su mandato.
El mayor atractivo de las tradicionales "elecciones de mitad de
mandato" radica en que se eligen los 435 miembros que integran la
Cámara de Representantes y la tercera parte (en esta ocasión son en
realidad 36 escaños), del Senado. Además, también corresponde la
elección de los gobernadores de 37 estados.
En un segundo escalón, miles de cargos ejecutivos y legislativos
en el ámbito de los estados, condados, ciudades y pueblos y otras
divisiones administrativas políticas secundarias, serán sometidos a
la decisión del voto popular. Pero en estos casos el interés por sus
resultados no sobrepasa las fronteras locales, excepto en lo
relacionado con el control de las asambleas u órganos legislativos
en aquellos pocos estados que deberán definir los nuevos límites de
los distritos electorales, porque perderán o ganarán algunos en
dependencia del reordenamiento de los distritos, en función de los
resultados del nuevo censo de población.
Pero acontecimientos y factores acaecidos en las semanas y meses
más recientes, resultantes de errores de cálculo, inexperiencia,
chapucerías o cuestiones de simple falta de habilidad, honestidad o
sensibilidad política por parte de los elementos conservadores más
extremos (especialmente del Tea Party) han provocado que a
pesar de la certeza en una derrota demócrata, muchos especialistas y
conocedores de la política norteamericana, incluyendo afiliados y
líderes, tanto demócratas como republicanos, estén ahora pensando
que la sangre demócrata no llegará en esta ocasión al río
republicano y que el partido del presidente podrá aferrarse a una
mínima mayoría en cada una de las cámaras en el nuevo Congreso.
Sean mayores o menores las pérdidas demócratas el próximo 2 de
noviembre, a partir del 2011 Obama se enfrentará a una fuerte
oposición republicana en el nuevo Congreso con fuerte presencia de
elementos conservadores extremos y tendrá que despedirse de
cualquier ambición de llevar adelante cambios aún pendientes de sus
promesas electorales del 2008.
Más allá de triquiñuelas políticas, millonarios gastos sin
precedentes para este tipo de proceso en anuncios y propaganda
electoral, de los usuales insultos, difamaciones y mentiras, hay
razones de fondo y más profundas que determinan la agudización de
las confrontaciones y la polarización de los extremos políticos.
La esencia está en el caos económico, social y político del
actual momento histórico de la sociedad norteamericana. En la
campaña electoral del 2008, Obama captó la imaginación y la voluntad
de millones de norteamericanos con la consigna de cambios
consecuentes con las aspiraciones y demandas de la población. La
propia Michelle Obama, en discurso pronunciado el 2 de noviembre del
2008, dos días antes de que su esposo fuese electo como el primer
presidente de origen afro americano en la historia de Estados
Unidos, caracterizó la estrategia electoral empleada:
"Barack ha erigido una de las más poderosas organizaciones
políticas, reclutando millones de gente de diferentes orígenes¼
Barack ha contribuido a unir un partido que algunos decían que no
podía ser unificado¼ lo ha hecho con
delicadeza y equilibrio y honestidad y respeto y consistencia".
El desempeño de Obama como presidente no ha estado a la altura de
las palabras de Michelle ni de las expectativas de quienes votaron
por él. Desde el principio prefirió la conciliación, el compromiso y
las concesiones con tal de lograr que el Congreso aprobara sus ideas
de reformas, aunque al final las mismas estuvieran lejos de las
aspiraciones de la población. Así ocurrió cuando negoció con las
empresas farmacéuticas, con las de seguro, con los gremios médicos y
hasta con las monjas católicas, a todos los cuales hizo concesiones
en el proyecto de reforma de salud dando como resultado un "Frankestein"
que no convenció ni a tirios ni a troyanos. O cuando negoció con los
ejecutivos de las empresas automotrices el plan de rescate de la
industria; o con los banqueros el plan de reorganización del sistema
financiero; o el rescate de los bancos que se hundieron por las
aventureras prácticas de las hipotecas de las viviendas.
Los errores, la ineficiencia y la incapacidad de Obama durante su
desempeño como presidente en estos dos últimos años, lo llevó como
moderno Penélope a destejer la coalición que con habilidad y
sensibilidad políticas había logrado durante la campaña electoral
del 2008. Muchos demócratas optaron por distanciarse de las
políticas de Obama y de hecho se vino abajo la coalición que el
presidente buscaba consolidar.
Estas actuaciones del presidente norteamericano provocaron la
decepción, la frustración y el desencanto entre los sectores que lo
apoyaron en el 2008; envalentonaron, alentaron y dieron argumentos
para sostenidos ataques en su contra por parte de los elementos
conservadores republicanos y, entre otros efectos dieron pábulo al
surgimiento del movimiento Tea Party entre los extremistas
conservadores.
El movimiento Tea Party es actualmente el grupo más
novedoso y dinámico en el panorama político norteamericano; en años
anteriores han existido otros de similar carácter, todos los cuales
han tenido efímera existencia y eventualmente desaparecido frente al
poder de los partidos republicano y demócrata.
Esta corriente política ultra conservadora comenzó a tomar fuerza
en Estados Unidos en el verano del 2009 mediante actos locales de
repudio al plan de reforma del sistema de atención a la salud
promovido por los demócratas, a lo cual se unía también la expresión
de rechazo a los distintos planes de estímulo a la economía, las
prebendas otorgadas a los banqueros tras el escándalo de la crisis
hipotecaria, la pretensión de incrementar los impuestos a las
personas de altos ingresos y los macrodéficits fiscales. Aunque se
extendió rápidamente por todo el país promocionado por la Internet,
el movimiento Tea Party nunca ha alcanzado una estructura u
organización nacional. Se calcula existen registrados unos 1 600
grupos, cuya membresía oscila entre uno y varios miles de miembros
en cada uno, los que actúan aisladamente entre si. Más de la mitad
no ejerce actividad política.
Los grupos Tea Party, esencialmente conservadores, han
optado por actuar dentro de la estructura republicana, impulsando
sus propios candidatos en oposición a los candidatos propuestos por
el partido. Esta actitud, unida al extremismo de sus posiciones está
afectando las posibilidades de triunfo de varios de los candidatos
republicanos en algunas importantes contiendas para elegir
representantes o senadores, disminuyendo las posibilidades de que
dicho partido logre conquistar la mayoría del Congreso.
Como es usual en estas elecciones de mitad de mandato, y más aún
en las del 2010 por las razones antes apuntadas, la cuestión central
para los políticos es conquistar la mayor cantidad de escaños
posibles en el Congreso y entre los gobernadores.
Como también es tradicional, la mayor parte de los sometidos a
elección están sólidamente asegurados por uno u otro partido. Por
tanto, la estrategia de cada partido está en atacar los más
vulnerables del contrario y defender los suyos. Son los llamados
campos de batalla electorales.
Para el próximo 2 de noviembre se considera que republicanos y
demócratas en conjunto, tienen unos 50 escaños de representantes que
pueden cambiar de bando.
Los republicanos necesitan incrementar su bancada en 39 escaños
para conquistar la mayoría en la Cámara de representantes, pero de
257 escaños demócratas a defender, solamente se considera que unos
45 están en riesgo de ser perdidos. Es una batalla cuesta arriba
para los republicanos, independientemente del momento político que
los favorece. Treinta de estas contiendas tienen como escenario 15
distritos electorales en 12 estados del sur y otros 15 distritos en
nueve estados del medio oeste. El resto se disemina en otros 11
estados del territorio continental y fuera del territorio
continental contiguo (quiere decir Alaska y Hawai). Lo más probable
es que se imponga el poder de las tradicionales maquinarias de los
partidos políticos; en todo caso, no es de esperar que los
republicanos lleguen a obtener una mayoría sustancial.
La tarea para los republicanos es aún más difícil en cuanto a la
aspiración de alcanzar la mayoría en el Senado. De los 36 cargos en
disputa, los republicanos necesitarían arrebatar a los demócratas
once de los 19 cargos que este partido saca a elección y no perder
ninguno de los 17 cargos de senadores a elección que hoy están en
poder republicano. Se consideran seguros seis de los escaños ahora
en manos demócratas, y otros dos que se estima podrán continuar en
poder de ese partido, mientras que se especula que hay cinco que los
republicanos pudieran sumar a sus filas y, de los nueve donde la
contienda está muy cerrada, hay ocho que pertenecen al Partido
Demócrata. Mientras tanto, se consideran de segura reelección los
candidatos republicanos en 11 de los 17 escaños que deben elegir,
mientras que cinco tienen posibilidad de ser ganados por los
demócratas y uno está en situación muy reñida. Es decir, que los
republicanos tendrían que ganar todos los escaños demócratas que
están en riesgo o muy reñidos y no perder ninguno de los suyos en
iguales situaciones para poder lograr una mayoría de uno en el
Senado.
También es muy disputada la situación en cuanto a los 37
gobernadores en contienda; 23 corresponden a demócratas y 14 a
republicanos. De ellos, los demócratas podrían contar sólidamente
con dos a su favor y otros cinco que se inclinan en su dirección (de
ellos dos que están en manos republicanas). Por su parte, los
republicanos tienen seis que pueden ganar sin preocupaciones y otros
11 donde pudieran vencer, pero de ellos solo seis son de demócratas.
Por último, de las 13 elecciones que se consideran sin favoritos,
seis son de demócratas y siete de republicanos. Prácticamente es una
suma cero.
Estos son los pronósticos en que existe, si no unanimidad, al
menos un consenso entre los analistas. Son infinitas las variables
que determinarán los resultados, pero es evidente que estas
elecciones no resultarán una victoria por nocao para ninguno de los
partidos. En todo caso, se puede pronosticar que habrá una victoria
por puntos para los republicanos y, cuando más, los demócratas
pueden aspirar a alcanzar tablas.
Sumido el país en la peor crisis económica en 80 años, con
niveles de desempleo o subempleo perniciosos y persistentes que
alcanzan a la quinta parte de la población económicamente activa del
país; con inseguridad acerca del futuro de derechos adquiridos como
la atención a la salud o la seguridad social; amenazado por los
efectos del cambio climático, la competencia económica de potencias
emergentes como China, la posibilidad de una suicida guerra nuclear,
temerosos de la entrada de inmigrantes latinos y asiáticos, "el
sueño americano" se ha convertido para los ciudadanos
norteamericanos en una "pesadilla despierta" y solamente se consigue
"soñar" dormido.
Obama ha cargado al país con dos guerras. Una, en Iraq que se
mantiene activa a pesar de que en dos ocasiones se le ha dado por
concluida: cuando Bush decidió que la misión había sido "cumplida"
y, después, cuando Obama declaró que habían finalizado las acciones
combativas de las tropas norteamericanas. Otra, el conflicto de
Afganistán que Obama calificó como una "guerra necesaria", que se ha
convertido en "la guerra de Obama", ha provocado la división entre
la Casa Blanca y los militares y lo perseguirá como un fantasma
durante el resto de su mandato presidencial y hasta en el segundo,
si resultase reelecto.
Ni los líderes demócratas ni los republicanos asumen la
responsabilidad de enfrentar al país con la verdad de que ha pasado
el momento del auge del poderío mundial norteamericano. La población
de Estados Unidos debe entender que ahora es necesario ajustar sus
sueños de grandeza.
Concluimos esta evaluación de la situación electoral en Estados
Unidos extrapolando lo que José Martí expresara sobre nuestras
sufridas repúblicas en el ensayo Nuestra América, publicado
por primera vez en La Revista Ilustrada de Nueva York el 10
de enero de 1891:
"El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de
ser el del país. La forma del gobierno ha de avenirse a la
constitución propia del país. El gobierno no es más que el
equilibrio de los elementos naturales del país¼
Se ha de tener fe en lo mejor del hombre y desconfiar de lo peor
de él. Hay que dar ocasión a lo mejor para que se revele y
prevalezca sobre lo peor. Si no, lo peor prevalece. Los pueblos han
de tener una picota para quien les azuza a odios inútiles; y otra
para quien no les dice a tiempo la verdad".