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Festival Internacional de Ballet de La Habana
Medio siglo de hacer historia
MIGUEL CABRERA
Medio siglo ha transcurrido desde aquella noche del 15 de marzo
de 1960, en que con sus palabras de bienvenida a los artistas
invitados y al público que colmaba la sala del Teatro Auditorium
(hoy Amadeo Roldán), nuestra gran Alicia Alonso dejaba inaugurado el
1er. Festival Internacional de Ballet de La Habana, una cita que,
como bien definiera entonces su Comité Organizador, estaba destinado
"a convertir a Cuba en escenario de un evento artístico que no era
exagerado considerar devendría histórico".
La
continuidad generacional es piedra angular en el desarrollo del
Festival.
Con aquella primera función de El lago de los cisnes,
protagonizado por Nina Timofeyeva y Boris Khokhlov, estrellas del
Ballet Bolshoi, de Moscú, se materializaban los grandes esfuerzos
llevados a cabo por nuestra insigne bailarina, Fernando Alonso y el
entonces recién formado Instituto Nacional de la Industria
Turística, para crear en Cuba un evento que, con carácter no
competitivo, permitiera a nuestro pueblo disfrutar las actuaciones y
la obra creadora de las más prestigiosas figuras de la danza mundial
y a la vez mostrar a las personalidades visitantes el desarrollo
alcanzado por el ballet cubano.
Los años 1966 y 1967 continuaron la vida del Festival, que recesó
a partir de entonces durante siete años, periodo en que los Alonso
concentrarían sus mayores esfuerzos en consolidar al Ballet Nacional
de Cuba como uno de los conjuntos danzarios de mayor jerarquía
internacional, cuyo elenco fue nutrido desde 1968 por los egresados
de la Escuela Nacional de Ballet. El 2 de noviembre de 1974, el
Festival reinició su fecunda trayectoria, en la Sala García Lorca,
del hoy Gran Teatro de La Habana, y a partir de entonces y hasta la
hora actual, ha tenido un carácter bienal.
La
Escuela Cubana de Ballet muestra su pujanza en cada evento.
Dotado siempre de un rasgo peculiar y distintivo, ha dedicado su
quehacer, entre otros, a noches de estrenos, a las relaciones del
ballet con el resto de las artes, a la diversidad y riqueza del arte
coreográfico, a los compositores y estilos musicales de mayor
influencia en el ballet; al presente, pasado y futuro de la danza,
así como a importantes efemérides cubanas y mundiales relacionadas
con este arte.
En sus numerosos espectáculos han tomado parte muchas de las más
grandes luminarias del genio escénico contemporáneo, entre ellas los
franceses Noëlla Pontois, Elizabeth Platel, Agnés Letestu, Ghislaine
Thesmar, Sylvie Guillem, Michel Denard y Manuel Legris; los rusos
Ekaterina Maxímova, Irina Kolpakova, Natalia Bessmértnova, Ludmila
Semeniaka, Nikolai Fadeyev, Maris Liepa y Vladimir Vasiliev; los
italianos Carla Fracci, Alessandra Ferri, Luciana Savignano y Paolo
Bortoluzzi; los norteamericanos Cynthia Gregory, Judith Jamison,
Royes Fernández, John Kriza, Richard Cragun y Kevin McKenzie; el
danés Erik Bruhn, la brasileña Marcia Haydée, la inglesa Maina
Gielgud, la alemana-norteamericana Eva Evdokímova, la rumana Alina
Cojocaru; los argentinos Paloma Herrera, Julio Bocca y Maximiliano
Guerra; la holandesa Alexandra Radius y los españoles Mariemma,
Tamara Rojo, José Martínez y Antonio Gades.
A esta pléyade habría que sumar nombres tan ilustres como los
ingleses Arnold Haskell, Clive Barnes y Anton Dolin; los rusos
Galina Ulánova, Natalia Dudínskaya, Olga Lepechinskaya, Konstantin
Sergueyev, Igor Youskevitch y Yuri Grigorovitch; el danés Allan
Fridericia, el francés Jean Babilée, el argentino Oscar Araiz, los
norteamericanos Walter Terry, Ann Barzel, Olga Maynard y Anna
Kisselgoff y el australiano Richard Bonynge, quienes como
observadores han sido valiosos voceros de la grandeza del Festival
cubano.
En este medio siglo transcurrido han acudido al Festival
Internacional de Ballet de La Habana representaciones de 61 países
de los cinco continentes, entre ellas 63 compañías extranjeras, las
cuales, junto al Ballet Nacional de Cuba y a las estrellas invitadas
de entidades artísticas tan relevantes como el Ballet de la Ópera de
París, el Royal Ballet de Londres, el Ballet Bolshoi de Moscú, el
Ballet Kírov de Leningrado, el Real Ballet Danés, el Ballet del
Siglo XX, de Maurice Béjart; el Ballet de Stuttgart, el Ballet
Nacional Holandés, el Ballet Nacional de España, el American Ballet
Theatre, el New York City Ballet, la Compañía Nacional de Danza de
México y el Ballet Estable del Teatro Colón, de Buenos Aires, entre
otras, han permitido el estreno de 880 obras, de ellas 219 con
carácter mundial, que enriquecieron estilísticamente la cultura
danzaria del pueblo cubano. Pero la hermosa historia del Festival
habanero no se detiene.
Desde ayer 28 de octubre —día del 62 aniversario de la fundación
del Ballet Nacional de Cuba y hasta el 7 de noviembre del presente
2010, esta vez enmarcado en los festejos por las nueve décadas de
vida de la legendaria Alicia Alonso, máxima inspiradora del evento—,
el Festival Internacional de Ballet de La Habana vuelve a acaparar
la atención mundial como una cita de arte y amistad, propiciada por
el maravilloso y universal lenguaje de la danza. |