Especialistas e investigadores de la estación experimental de
cítricos de Jagüey Grande, en Matanzas, desarrollaron una variedad
de mandarina cubana destinada al consumo interno y a la exportación.
Una de sus características es que adelanta su período de
maduración y cosecha para finales de agosto y septiembre, cuando
tradicionalmente su pico productivo se producía en octubre.
Además, ofrece alta resistencia a determinados hongos que
provocaron su desaparición en la década del 80, dijo a la AIN Gisel
Sosa Sánchez, investigadora auxiliar del Instituto de
Investigaciones de Fruticultura Tropical, durante el III Simposio
Internacional de Fruticultura Tropical y Subtropical que sesiona en
la ciudad de La Habana.
Sosa Sánchez explicó que mediante el empleo de técnicas de
mejoramiento genético fue posible obtener, generalizar y producir
los nuevos cultivares de mandarina.
La también directora de mejoramiento genético de Jagüey Grande
manifestó que el éxito es obra del trabajo de hombres y mujeres
vinculados al sector que por más de 30 años dedicaron sus esfuerzos
a la recuperación de las plantaciones citrícolas cubanas.
Actualmente unas 20 hectáreas de la Empresa Victoria de Girón
están dedicadas a este frutal, muy gustado por la población y rico
en vitamina C.
Una de las estrategias del Ministerio de la Agricultura para
garantizar la alimentación del pueblo está vinculada al incremento
de la producción de cítricos y frutales en todos los municipios del
país, mediante la creación de fincas integrales.
El programa también comprende la recuperación de productos de
poca presencia en el mercado, como la guanábana y el canistel.
Entre los propósitos del organismo está extender su producción a
más de 100 cooperativas, a partir de la aplicación de todos los
sistemas de ciencia y técnica en función de elevar la productividad
y los rendimientos.