Hoy Edis asume la vicepresidencia de la Asociación Nacional de
Innovadores y Racionalizadores (ANIR) en la empresa Enrique Varona,
ubicada en el capitalino municipio de San Miguel del Padrón, donde
Luis funge como técnico en fundición. Justo allí se afanan para
generar soluciones que revitalicen el sector industrial y, sobre
todo, reporten beneficios económicos al país.
Desde 1973 Edis se vinculó a las Brigadas Técnicas Juveniles (BTJ)
y fue acreedor de tres sellos Forjadores del Futuro. Como tecnólogo
en la fábrica Antillana de Acero intervino en el rediseño de las
lingoteras, lo cual significó un ahorro de más de un millón de
pesos. Y cuando faltó el suministro de electrodos de diámetro 500
para los hornos eléctricos confeccionó, junto a un grupo de
compañeros, un dispositivo de grafito que posibilitó la continuidad
del proceso.
Luis ya había emprendido en la década de los sesenta su recorrido
por los trillos de la innovación, probablemente inspirado en las
ideas del Che, quien lo convidó a fabricar las primeras piezas de
repuesto dirigidas a la minería y a la rama azucarera.
No obstante, ambos han alcanzado sus resultados más
significativos como innovadores en la empresa, cuya producción
languideció en el 2006 y que gracias al empeño de los obreros, en
especial de los aniristas, hoy asiste a un amplio proceso de
reanimación.
Unido al rescate de muchas capacidades fabriles que habían cedido
ante las importaciones, el resurgir de la entidad implicó la
búsqueda de nuevas variantes de acero.
Así nació entre las manos de Edis y Luis la marca 35 Acif 2512A,
trabajo reconocido como relevante en el fórum Metánica 2007 y
acreedor este año de la categoría de Destacado en el encuentro
provincial de innovadores y racionalizadores.
Explican los tecnólogos que, sin alterar las propiedades del
acero, comenzaron a disminuir el uso de ferroaleaciones y a mezclar
desde un 60% inicial hasta un 96% de chatarra rica en manganeso,
cromo y níquel.
Antes, para obtener una tonelada de acero austenítico era
necesario utilizar 760 kilogramos de ferrocromo y 260 de sínter de
níquel, mientras la nueva fórmula solo demanda 60 y 40 kilogramos,
respectivamente. Además, la resistencia y durabilidad de los equipos
en explotación en las industrias cementera, petrolera y eléctrica
avalan la calidad de la marca.
Pero no solo estos indicadores enorgullecen a la empresa Enrique
Varona. Por fortuna el ingenio de Edis y Luis se multiplica en sus
356 trabajadores, con énfasis en los 128 aniristas.
También crece el empeño de quienes confeccionaron los resonadores
destinados a las bazookas de fumigación, los cuales sustituyeron las
compras en Alemania; aumenta la entrega de los obreros comprometidos
con la producción de soportes y calzos de transmisión, capaces de
aliviar el deterioro del transporte urbano; se eleva el entusiasmo
de un colectivo merecedor de la placa Talento de Oro que otorga la
ANIR y quizás con más fuerza, se afianza la voluntad de aquellos que
continúan ideando alternativas para tener, cuando sea preciso,
alguna solución debajo de la manga.