Luego de un lustro cerrado al público por su mudanza del Castillo
de la Fuerza a la Casa Aguilera, hoy reabrió sus puertas el Museo
Nacional de Cerámica Contemporánea, en La Habana Vieja.
Alejandro G. Alonso, su director, declaró a la AIN, que en las
presentes circunstancias, la colección tiene una nueva concepción
museológica, vitrinas recientes y pueden usarse las paredes para
exhibir las piezas.
Entre las novedades anunció una sala dedicada a las vasijas, la
muestra La abstracción, que recorre la trayectoria de la
manifestación desde su aparición en Cuba a finales de los años 40
del siglo anterior hasta la actualidad y una dinámica trimestral de
renovación de exposiciones.
Destacó que el patrimonio de la institución, de unas 750 piezas,
está en constante crecimiento, mediante la compra gracias al fondo
propiciado por la Oficina del Historiador de Ciudad de La Habana o
la donación o préstamo de los artistas, quienes mantienen una
actitud muy elogiable.
Un conjunto de paneles informativos complementa la admirable
muestra cronológica que incluye obra de pioneros como Juan Miguel
Rodríguez, Marta Arjona o Mirta García Bush y relevantes figuras
como Amelia Peláez, Sandu Darié, René Portocarrero, Wifredo Lam o
Domingo Ravenet.
Otros de los atractivos es un programa interactivo en una
computadora, que el visitante puede consultar para obtener
informaciones adicionales y la exhibición de macetas en el patio
central, todo un lujo de originalidad y hasta humor.
Piezas sorprendentes por las imaginativas y sorprendentes
soluciones artísticas o por las depuradas técnicas, como las
orientales raku con su brillo de metales preciosos y texturas
impredecibles, hacen de este museo un lugar de cita obligada para
quienes aprecian lo bueno y lo bello.
Casa Aguilera, típica por su arquitectura mudéjar de los siglos
XVII y XVIII en la Cuba colonial, se ubica en la esquina de las
transitadas calles Mercaderes y Amargura, en el corazón de La Habana
Vieja.