Apetitosos aguacates, justas virtudes

MADELEINE SAUTIÉ RODRÍGUEZ

Cuando el escritor Daniel Chavarría expresó, a propósito de El aguacate y la virtud —título que en una nueva entrega acaba de ver la luz con el sello de Ediciones Matanzas—, que valía la pena leerlo, tal vez no sabía cuánta razón había en el juicio que acababa de emitir.

Daniel Chavarría sigue siendo un autor cubano que nació en Uruguay.

Es un libro que, al decir del poeta Sigfredo Ariel, se lee de un tirón. Y es cierto, sus 99 páginas, que ganaron como epíteto de su propio autor "el libro más pequeño y anémico que he escrito", tiene la mágica suerte —lo cual suele pasar tratándose de Chavarría— de adherirse al lector que bebe, de una sentada, once narraciones donde se mezclan cuentos, vivencias, meditaciones y ficciones que gozan, aun en la brevedad, de un denso mensaje único y virtuoso a pesar de su pluralidad temática.

Así, en el volumen a cuya portada asoma sobre una mesa bien vestida la verde imagen del aguacate y en cuyas páginas un manojo de textos cortos pero harto apetitosos sucumben bajo el título de El aguacate y la virtud, se suceden historias, unas consideradas como "lo que en literatura se conoce como cuento" y otras con formas cercanas al llamado periodismo literario.

La fértil e inagotable imaginación chavarriana consigue novedosos vuelos. Así ocurre en el cuento El desmemoriado, cuyo enunciado remite a los cubanos, conocedores de sus versos, a José Martí, por la historia de la niña de Guatemala, donde el entonces joven héroe se asume a sí mismo como tal. Bajo el molde de una epístola, el autor revela misterios que bien pudieron habitar el alma martiana.

En Por culpa de un jodido bicho español, el ingenio lo lleva a escribir un cuento, bien elaborado y eficaz, que gusta de leer "porque ha sido escrito para ser dramatizado". Contrastes y analogías que emparentan a los héroes de diferentes latitudes pero de idénticas resonancias cosmopolitas asoman en El Che y Garibaldi, comentario cuyos referentes se engrandecen desde sus propias proezas pero que se hacen más nítidas por el estilo con que son esbozados.

Recetas y fórmulas —de cocina, de cómo se hace un escritor, de cómo se nutre el espíritu— podrán hallarse en otros textos incluidos en este manual de inusitadas temáticas, donde aun cuando lo propiamente autóctono, como con respecto a América pueda ser el aguacate, queda exaltado, también hace valer la siguiente recomendación:

"Sueño con que los niños aprendan desde muy pequeños a no empecinarse en lo habitual. Que aprendan, sí, a amar y a defender lo suyo: su patria, sus tradiciones; pero se les enseñará también que en el mundo existen otras muchas cosas buenas. Y que a lo bueno no se accede sin pasar algún trabajo. Los pedagogos enseñarán a disfrutar la diversidad y a cultivar la tolerancia. Y formarán mejores niños, inteligentes y respetuosos de los demás".

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Cultura | Deportes | Cuba en el mundo |
| Comentarios | Opinión Gráfica | Ciencia y Tecnología | Consulta Médica | Cartas| Especiales |

SubirSubir