El historiador trabaja con la memoria de la nación

Diálogo con Raúl Izquierdo Canosa, presidente del Instituto de Historia de Cuba

Raquel Marrero Yanes

En el histórico Palacio Aldama, joya artístico-arquitectónica de mediados del siglo XIX, estudiosos del acontecer histórico ponen a su disposición el resultado de investigaciones y la riqueza del patrimonio bibliográfico y documental de la nación.

Foto: Cortesía del entrevistadoNo hay nada más parecido a la vida cotidiana que la historia misma, asevera Izquierdo.

Conversar con ellos es sin duda un reto interesante para cualquier historiador que ama la profesión. Allí, entre libros, sumergido en indagaciones y nuevos proyectos, encontramos al Doctor en Ciencias Raúl Izquierdo Canosa, presidente del Instituto de Historia de Cuba.

El también presidente de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba, encamina el trabajo de los más de 5 000 miembros de la organización, agrupados en filiales provinciales y secciones de base en municipios e instituciones; inmersos todos en la investigación, el perfeccionamiento de la enseñanza de la Historia, el trabajo de divulgación y promoción, la preservación del patrimonio histórico y el funcionamiento interno de la organización.

La Historia es una disciplina científica, base ideológica de la Revolución y sostén de la identidad nacional, y pilar de la formación de valores y las comprensiones generacionales, de ahí que su estudio requiera dedicación.

HAY QUE SABER CONTAR

Historiador no es cualquiera. "Ese profesional debe tener como principio ético la fidelidad a la verdad histórica. El simple hecho de leer, comprender, memorizar o comentar un acontecimiento, no implica serlo. Se necesita mucho más: investigar con rigor científico la Historia, amarla y vivirla", explica Izquierdo.

"El historiador trabaja con la memoria de la nación, por eso debe hurgar en sus raíces y reconstruir con visión objetiva los hechos: escribir de los vencedores y de los vencidos. Al mismo tiempo, debe reseñar fielmente las tendencias que se enfrentaron en el pasado y dar cuenta de las variables que se impusieron en el curso de los acontecimientos. Si relatamos solo lo que sucedió corremos el riesgo de escribir una historia aburrida", puntualiza.

No hay nada más parecido a la vida cotidiana que la historia misma. ¿Cómo no pensar entonces que entre esas personalidades, en su momento protagonistas de epopeyas, no hubo contradicciones sobre las que prevalecía el ideal de la libertad?

El conocimiento de nuestra Historia, de los valores, sacrificios, aciertos y desaciertos, permite apreciar de forma más acertada el presente y sacar lo positivo, para no cometer los errores anteriores.

Si algo es rico en nuestro país, es la Historia. Más de 500 años de lucha para lograr lo que hoy tenemos, aun con insatisfacciones, son suficientes para contar anécdotas y enorgullecernos.

"La hazaña de la estirpe cubana hay que relatarla, pero bien", reitera Izquierdo. "Nuestro mayor compromiso está en presentarle a las nuevas generaciones el pasado de manera más atractiva. Necesitamos que los medios de difusión no lo encasillen en fechas frías, datos, causas y consecuencias, sino que también motiven el ánimo por indagar en él".

Los historiadores cubanos son partícipes y protagonistas de esta crucial batalla en defensa de la memoria de Cuba, por mantener vivas nuestras tradiciones de lucha y la continuidad de la Revolución.

 

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